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San Carlos(Dpto. de Maldonado/Uruguay)

Escudo ideado por la artista plástico: Marta Nieves
Un poco de historia de San Carlos de Maldonado Uruguay Fundación y primeros años
La Villa de San Carlos tiene la honra de estar íntimamente ligada a D. Pedro de Cevallos, gobernador y capitán general del Rio de la Plata. Una personalidad extraordinaria -que a la vez de administrar admirablemente-, fundó pueblos y comandó las tropas que expulsaron a los invasores portugueses de la Colonia del Sacramento, Santa Catalina y Rio Grande del Sur.
El poblamiento de la nueva Villa no respondió a los patrones comunes de la época: familias españolas con "contratos de población".
En ese sentido. Cevallos luego de recuperar el Río Grande, permitió a las familias portuguesas, llamadas "isleñas", trasladarse a la Banda Oriental para fundar con ellas el nuevo pueblo.
Se instalaron en el año 1763 con la anuencia del gobernador, entre los arroyos Maldonado y San Carlos, "por ser laboriosos" y avenirse a las necesidades de abastecer con sus cosechas los fuertes y otras plazas militares.
Las afirmaciones de Diego de Alvear en su Diario de 1784 no se ajustan a la realidad. Anotó, "... San Carlos es fundación del año 1764 por D. Pedro de CebalJos en su primer viaje al Río de la Plata, de las familias portuguesas que en la guerra del año anterior, se hallaron repartidas en Santa Teresa, San Miguel Arroyo del Chuy, y aún en Río Grande de San Pedro. Esta fue como una justa represalia no equivalente de aquella multitud de indios guaraníes que el virrey del Brasil Gómez Freiré de Andrade, Conde de Bobadillay Comisario de Límites por S.M.F. en la demarcación de 1750, logró seducir y extraer de nuestros sietepueblos de Misiones del Uruguay... Por entonces se reunieron hasta unas cien familias de las expresadas para la formación de este Pueblo más obtenido de allí a poco permiso de la piedad del Rey se volvieron muchas a su Patria, y finalmente se acabaron de retirar las otras en la última pérdida de Río Grande, de suerte que San Carlos en el día se halla casi despoblado. Con todo se conservan siempre algunos habitantes en número de 150 a 200 personas entre españoles y portugueses... "12
Pocos años antes Francisco Millau escribió, "A dos leguas hacia el norte de este pueblo de Maldonado y ante los dos ríos grande y chico de su nombre, se halla otro fundado con el de San Carlos, Es pequeño y se principió con algunas familias portuguesas que después de la toma del Río Grande admitieron establecerse en ese paraje... "13
A este respecto el documento más antiguo referido al tema, es un oficio del gobernador Pedro de Cevallos fechado en el "Cuartel General de Río Grande" el 20 de marzo de 1763 dirigido a Lorenzo de Mendinueta. comandante de Maldonado. Se titula, "Para que cuando lleguen a Maldonado las familias de isleños portugueses las acomode y haga sean bien tratadas. Señor mío, como para ver bastante laboriosos los Isleños Portugueses que han quedado en este Pueblo y sus campañas, les he permitido que vayan con sus familias a esos parajes, prevengo a Vm. que a los que fuesen llegando a esa Población los vaya acomodando en los ranchos que hay en ella... para que estén en ellos con la mayor comodidad que se pueda, haga que les llegue y de otj-a disposición en orden a su establecimiento... Procure Vm. que éstos Isleños sean bien tratados...y disponga que se les de carne en abundancia para, su manuntención y la de sus familias. "14
Como se ve, Cevallos no dice '"les ordené" sino "les he permitido", que presupone una voluntad de los "isleños" a instalarse en la región de Maldonado.
De la numerosa correspondencia relacionada a las familias portuguesas rubricada por este gobernador, se infiere un trato benévolo, humano y generoso.
Queda establecido, entonces, que la fundación de la Villa de San Carlos obedeció a causas derivadas de la guerra con Portugal. España debía abastecer de víveres, especialmente de trigo y carne, a las tropas estacionadas en Maldonado, Río Grande y en los fuertes de Santa Teresa y San Miguel y, para ello, era necesario contar con un pueblo de agricultores a una distancia cercana. 12
Diera de Alvear, Diario de 1784. Revista de ¡a Biblioteca Nacional, 1946-1947.
Respecto a la ubicación de la Villa, hay una anotación del Gobernador Cevallos, en el margen izquierdo del oficio, que envió desde Maldonado su Comandante, el 4 de junio de ese año.
Dice, "Señor mío, aunque en carta de 8 de este mes previne a Vm. lo que me pareció conveniente a fin de que tenga efecto con el acierto que deseo la Población que entre los dos arroyos de Maldonado chico y Maldonado grande deben hacer los Isleños Portugueses que van caminando, prevengo a Vm. ahora que si para cortar la paja y madera y conducirlo todo, se eligiese para la Población fuere necesario que se detengan las carretas que va escoltando el Ayudante D. Raimundo Cosió más tiempo que los ocho días citados en la Instrucción que éste lleva, podrá Vm. valerse de ellas y de los peones el tiempo que le pareciere conveniente hasta que por estar todo concluido no hagan falta alguna lo que dirá Vm. al expresado Ayudante para su inteligencia.
En el paraje que llaman la Guardia Vieja, inmediato al que se ha de poblar, estoy informado de que hay un horno donde antes se ha hecho tejas y ladrillo, por lo que he de decir a Vm. que pase a verlo y hacerlo poner conveniente si no lo estuviere, disponiendo que hagan estos materiales para levantar con ellos una Capilla en el nuevo Pueblo... Río Grande, julio 16 de 1763."15
En el ínterin los "isleños"' bajaron por el camino del norte, que era la vía de comunicación entre Río Grande y Montevideo pasando por Arroyo de Chuy, San Miguel, Santa Teresa. Castillos. Rocha y Maldonado. Este camino formado sobre el campo, sin mejora alguna artificial, llegado el invierno se hacía intransitable. Su aspecto característico, en los 470 kilómetros de recorrido, lo daba los huellones profiondos que dejaban las ruedas de las carretas, especialmente en los vados de los arroyos y en los pantanos.
De acuerdo al oficio enviado por Mendinueta a Cevallos, la caravana de los "isleños"' arribó el 18 de junio, "Señor, Participo a V. Exa-como el día 18 de este, llegaron las tropas de carretas y familias Isleñas que V. Exa. remite a la Población Nueva, al cargo del Ayudante de Milicias D. Fernando Cosido16, y habiéndome pasado a dicha población, le instruí a dicho Cosido de lo que había hecho en el modo que se había de seguir para lo que faltara que hacer; las carretas de la pólvora y de los demás pertrechos de artillería quedan entregadas en éste Pueblo al Alférez de Artillería D. Antonio Carabajo. guien queda componiendo las carretas que han conducido la pólvora, como así mismo los barriles.
Mañana marcha toda la gen/e a. cortar maderas y paja para la ranchería que se ha de hacer, para cuyo fin e remitido a dicho Ayudante dieciseis hachas, a más de las que el trae.
También remito al capataz de las carretas que está conmigo, con seis carretas al norte para que en el ínterin se abra el paso para hacer el horno, pueda cortar madera para un galpón de treinta varas de largo para meter el adobe que sea... para hacer dicho horno; el maestro para este trabajo es un soldado llamado Lorenzo Ny, el que me han asegurado, es buen maestro albañil y que es su oficio hacer hornos, a quien remito esté a la disposición del ayudante Cosido, para que esíe presente al trabajo: Remito a V. Exa. una carta del Gobernador de Montevideo... "17
El trabajo que debía realizar Cossio era ímprobo. Este militar debió transformarse de un día para otro en el organizador de un pueblo.
Así se desprende de la "Instrucción para el alférez de Dragones D. Fernando Cosió a cuyo cargo queda por ahora la nueva Villa de San Carlos". Las instrucciones tenían precisión y derivaban de las dadas por Cevallos al Comandante de Maldonado. Lucas Infante. "Fuera de la guarnición de la Isla,quedan aquí para los fines expresados cuatro compañías de Dragones, de las cuales se enviará un Destacamento de veinte hombres que será relevado cada mes con otros tantos a las órdenes del Alférez D. Fernando Cosió, para atender a la quietud y buen orden de la nueva Villa de San Carlos, de cuyo cuidado está encargado el expresado Alférez, que hasta nueva disposición debe permanecer en aquél destino, subordinado al Comandante de este Pueblo.
Procurará fomentar cuanto fuera posible el adelantamiento de la citada. Villa, y atenderá en todo lo que dependa de su arbitrio al alivio y buen tratamiento de los Isleños moradores de ella". Está fechada el 11 de octubre de 1763.18
En el margen izquierdo de este documento, Cevallos anotó con letra muy pequeña, "... Con las carretas que tiene desocupadas el Alférez D. Fernando Cosió, y ocho que deben quedar aquí de las que hay en este Puesto, se compone el número de veinte que se destinan para todo lo que pudiere ocurrir.
Estas carretas con los peones, carpinteros y la boyada correspondientes, se pondrán a cargo del capataz Machete y entre tanto que no se ofrece alguna cosa más urgente, se mantendrán en la misma Villa de San Carlos, las doce que están allí, para ayudar a hacer la Iglesia y casas del Pueblo. "
Infante comunicó a Cossio en las Instrucciones, que el servicio de su Majestad consideraba muy importante el pronto establecimiento de este grupo de familias portuguesas en la nueva Villa. Entre las recomendaciones le expresa que vele para que los vecinos siembren maíz, al-berjas y porotos en abundancia, también calabazas y otras legumbres de estación. Debía entregarles bueyes y todos los auxilios que necesitaron.
Para el orden, debía designar cuatro comisarios de Barrio entre los. vecinos "más fieles al Rey" y que demostraran autoridad para dar órdenes a sus convecinos. Estos comisarios debían hacer una lista con los nombres de las personas que estarían a su cargo.
Cossio debía, a su vez, ubicar un paraje propicio para resguardar el ganado de los portugueses.
Por otra parte, recibió las alhajas, ornamentos y demás cosas pertenecientes a la Iglesia, las cuales debía custodiar. También le entregaron las campanas que serían colocadas en un campanario que debía construir.
No faltó en las Instrucciones la advertencia. "... tendrá especial cuidado de que no pase Portugués alguno y de que con cartas ni por ofro medio seduzcan a los Isleños en la inteligencia de que no faltarán mal intencionados que procuren inquietarlos para que se vuelvan a tierras de Portugal "20
A pesar de todo lo dispuesto y planificado, los primeros pobladores no estuvieron conformes con el lugar elegido para levantar la Villa.Esto se desprende del oficio enviado por Cossio al gobernador, les propuse lo que V.E. me manda, y están muy discordes, y esto viene de que en ellos reina mucho la maledicencia y hemos queda-acordados, en registrar bien el sitio y sise encuentra otro mejor que éste, se mudará la Villa, con el permiso de V.E.
Ahí dicen, haga presente a V.E. que si puede ser, se les haga la Mlla fuera del sitio que hay entre los dos arroyos, reservando este para establecer sus sementeras, pues de este modo, pueden mantener sus lecheras en la Villa, sin perjudicar los sembrados... les ofrecí representar-1 a VE., lo que hago, deseando me ordene lo que tenga por conveniente ejecute en beneficio de estos vecinos".
Días más tarde, Cossio contesta a una sugerencia de Cevallos. "Ninguna conveniencia se sigue mudar la Villa adonde V.E. me señala, porque a más de ser terreno mucho más desigual que en el que está comenzada a situar, en tiempo de verano, necesitan ir a buscar agua un grande cuarto de legua. Yo sería de parecer que para lograr esíos vecinos de toda comodidad y quietud, se les permitiese formar la Villa, al otro lado del arroyo. " Este oficio está fechado en San Carlos, 27 de octubre de 1763.21
Al fin, quedó en el lugar primitivo.
Debe señalarse que con la guerra y la consecuente acumulación de problemas, Cevallos -acampado en el Rio Grande-, omitió redactar el acta de fundación del nuevo pueblo.
Un testimonio incuestionable de este hecho aparece en el expediente de erección del Cabildo y Justicia de San Fernando de Maldonado.
En este sentido, el virrey Vértiz, respondiendo al pedido de los vecinos, solicitó el 27 de junio de 1783, "... mandar se traiga a esta Superioridad, el expediente de la formación del Pueblo de San Carlos... " También Sobremonte, secretario del verreinato, ordenó desde Montevideo al Comandante de la Villa, "... buscar el expediente de la erección de la misma y concentrar el texto ante dos testigos ".22
El 5 de julio de ese año contestó Vicente Tarufo, "... Debo decir no haber aquí documento alguno que trate de la fundación del dicho, ni menos consta a los primitivos pobladores que cuando se fundamentó se sacase algún Plano u otro documento para que constase su erección; solo se sabe que cuando el Exmo. Sor.
Dn. Pedro Seballos ganó el Río Grande, de aquellas mismas familias, remitió a este destino en el año de sesenta y tres, las que tuvo por conveniente, y que aquí hicieron esta forma de Pueblo: Esto consta a todos por la memoria, mano por escrito formal que se sacase en aquél tiempo, pues aquí absolutamente no hay documento ninguno... "
PRIMEROS AÑOS
El primer inconveniente que tuvo Cossio en la organización del pueblo, se relaciona a la construcción de la capilla.
En efecto, el 8 de octubre de 1763, Infante le comunicó a D. Pedro de Cevallos. "He recibido la de 27 de agosto, del 30 de setiembre en la que... D. Fernando Cosió ha hecho una Iglesia, en la que la mitad de la gente del pueblo de San Carlos no cabe en ella; encargándome pase a él... a lo que digo a V. Exa. que luego inmediatamente... " La letra es ilegible, pero sabemos que le informa que ha ejecutado el agrande de la Iglesia con facilidad.
El 11 de octubre, Lucas Infante envía desde Maldonado al sargento lulio Demarqui un oficio que dice, "Al Alférez de Dragones Fernando Cosió que está en la nueva población de Maldonado chico, le dejo prevenido que cuando pase V. por allí, le entregue toda la carga que el expresado oficial ha conducido del Río Grande en las mismas carretas que ocupan... Al mismo D. Fernando Cosió le dará V, por un recibo, alhajas, ornamentos y demás cosas de Iglesia, incluso las campanas que trae, por estar todas destinadas para la fe de la citada Villa. "24
Respecto a la Capilla, ofendido Cossio por las críticas recibidas del comandante de Maldonado, le dice a Cevallos el 7 de diciembre, "No es tan pequeña la Iglesia como han informado a V.E. pues es algo mayor que la de Santa Teresa, lo que dijo el maestro que construyó aquella... y ordené la obra de modo que se pudiese alargar, como defacto se está ejecutando... " Días más tarde le informó, "se ha quedado por poner en ella, un Palio de damasco blanco. " 25
Como se advierte la preocupación por construir un templo en ía Villa se remonta a su propia fundación. Por lógica experimentó una evolución bienandante.
Hemos expresado que la primera construcción fue una modesta Capilla, que de inmediato se consideró que no correspondía a las necesidades y conveniencias de los pobladores. El propio Cossio por orden de Infante la adecuó a su importancia.
El 22 de setiembre de 1763, el gobernador, debilitado por los trajines de la campaña del Río Grande, escribió a Manuel Domínguez, "no pudiendo yo detenerme muchos días en el sitio de la nueva Población me ha parecido conveniente disponer como lo hago, que Vm. y el ingeniero D. Juan B.Howel, se adelanten, para practicar en concurrencia, de D. Lázaro Mendinueta las disposiciones que se expresan en la. copia adjunta... " 26
Howel enseñó a los pobladores del pueblo a construir hornos para la fabricación de ladrillos y tejas. También los capacitó para sacar piedra del Pan de Azúcar.
Un dato poco conocido es la grave enfermedad que atacó a Cevallos en la Colonia del Sacramento, donde casi muere. Esta circunstancia está anotada. en el acta del Cabildo de Buenos Aires del 31 de octubre de 1763- 27
Sin esperanzas de sanarse, confesó y, el obispo Manuel Antonio de .atorre ordenó un novenario por su mejoría. Cevallos se recuperó y el Cabildo lo celebró con dos corridas de toros.
Cevallos tenía especial afecto por la Villa y sus pobladores. Se preocupó de su desarrollo y bienestar. Es así que le escribió a Infante desde la Colonia del Sacramento, el 24 de noviembre de ese año, También es conveniente que Vm. vaya de cuando en cuando a la nueva Villa de San Carlos para promover con su presencia el mejor establecimiento y buen orden de aquellos vecinos a los cuales no hallo embarazo en que se les destine las tierras que necesiten, antes deseando el mayor alivio de ellos encargo... del que les pareciese suficiente de modo que queden gustosos, pero contra previsión de que en el Pueblo han de tener casa y familia. '"28
También envió a la Villa comestibles y materiales imprescindibles para su sostenimiento, hasta tanto los pobladores pudieran valerse por sí.
Desde Colonia le informó a Infante el 23 de noviembre, "Señor mío. En la lancha llamada de los Vizcaynos... se han cargado los 1.918 sacos de harina y 90 de cal que expresa la relación adjunta... Estos víveres van destinados para la subsistencia de las familias de Isleños con que se ha formado la nueva Villa de San Carlos, que los necesitan bastante por no haber llegado al paraje donde se Poblaron en tiempo de sembrar trigo este año, ni haber esperanza de que lo tengan, hecho recoger la cosecha de que sembraren en el que viene.
Por esto conviene se les distribuya con tal economía que les alcance hasta entonces, para lo que le espero que... como se lo encargo, hará poner el expresado número de sacos en un almacén donde no haya otra cosa a cargo de D, Manuel de Fuentes... "
En cuanto a la construcción de la Capilla. Cevallos seguía de cerca su construcción. En efecto, desde Colonia del Sacramento ofició el 30 de noviembre a Infante, "... disponga si fuese necesario que se heche abajo a fin de hacer otra, no solo bastante capaz para toda la gente del Pueblo, sino también embarrada por dentro y fuera, pues esto se debe hacer aunque sea de paja para que esté más decente entretanto que se hace de teja y ladrillo... " 29
No obstante la afabilidad que la autoridad española dispensaba a los nuevos pobladores, nunca olvidó que se trataba de la fundación de una Villa. Con ese motivo expresó el 2 de diciembre, "... quiero prevenirlo de no permitir que los isleños pasen a Montevideo ni a otra parte alguna hasta tanto que no tengan sus casas fabricadas y estén bien establecidos y sean de confianza, y que teniendo estas circunstancias podré darles licencia... "30
La política de Cevallos apuntaba a que las familias se arraigaran en la Villa, es decir, que permanecieran.
Respecto a la Capilla, resuelta su modificación, el Comandante de Maldonado envió al sacerdote Pedro Villaverde para celebrar por primera vez el culto. Toda la población esperaba alborozada la nueva. Se celebró la misa con la debida unción pero a poco se presentó un inconveniente. Lo relata Cossio en un oficio a Infante desde la Villa el 30 de noviembre, "Desde que este Padre Villaverde llegó a esta población, que fue el domingo, solo ese día hemos logrado oír Misa, hoy por ser el día que es, nos ha dejado sin ella, cosa que ha escandalizado a todo el Pueblo, y más a vista de ser pública la causa de que proviene el no decirla, pues por más que he procurado ocultarla, se ha traslucido.
Yo he puesto todos los medios que me han parecido conducentes para que dicho Padre viva con la temperanza debida, pues la causa de no decir Misa proviene de los excesos que comete en la bebida y no solo no se encuentra enmienda, sino mayor repetición en ellos, valiéndose para este fin, de cuanto negro y mulatos hay, y como esto es tan denigrante a su estado y religión, y consiguientemente a nuestra Nación, lo manifiesto a Vm. a fin de que se le represente... y que S.E. determine lo que tenga por más conveniente al servicio de Dios. "
Como consecuencia de la contingencia señalada, Cevallos escribió a Infante, "Señor mío. En vista de las dos cartas de Vm... debo decirle que ha hecho Vm. muy bien de disponer pase a la Villa de San Carlos el religioso franciscano que había en el Pueblo, y que venga a élfr. Pedro Villaverde con el fin de ver si se contiene en el exceso que ha dado motivo a esta providencia sobre lo cual me avisaré Vm. lo que en adelante notare para... "31
El gobernador hizo proveer a la Capilla de todos los útiles necesarios para la celebración de los divinos oficios y administración de los Santos Sacramentos. Así lo acredita Cossio el 9 de mayo de 1764, "Recibí del Teniente Coronel, Comandante de Maldonado D. Lucas Infante, un retablo y armario para la Iglesia de esta Villa de San Carlos ". 32
No obstante el tiempo que demandaba tratar los asuntos de una gobernación tan dilatada, Cevallos, sin embargo, se ocupó personalmente del desarrollo de la Villa.
En efecto, le ofició a Infante desde Buenos Aires el 20 de febrero de 1764, "deseando que los vecinos de la nueva Villa de San Carlos planten lodos los árboles fruíales que puedan, escribo en esta ocasión al teniente oficial de Dragones Bruno Muñó-... como se lo encargó, le despachara de Montevideo cuatro carretas en las que debe cargar los brotes de peras, manzanas, ciruelas y los demás árboles que haya en aquella... para que remitiéndolos a Vm. haga que se repartan entre los vecinos de la misma Villa, encargándoles que en el otoño que es el tiempo propio para estos plantíos, se esmeren en hacerlos y en cultivarlos... "33
El 9 de mayo de 1764 la Villa vivió un verdadero acontecimiento, Llegaron de Rio Grande dos hombres, dos mujeres- y seis hijos de estos y, de Buenos Aires, siete hombres, tres mujeres y cuatro niños. Lo anuncia Cossio a Cevallos, "Los últimos que llegaron se han acomodado en los ranchos de sus parientes, ínterin hacen los suyos, lo que procuraré ejecutar con la. mayor brevedad. " La misiva está fechada en la Vülade San Carlos, 11 de mayo de 1764.34
La radicación de españoles en esta Villa, hasta ese momento eminentemente portuguesa, traería al seno social conflictos que persistirán por años, como veremos más adelante.
Los españoles eran en su mayoría letrados y por atavismos de raza se dedicaban al comercio. A diferencia, los portugueses dedicaban sus esfuerzos a la agricultura y la ganadería, afincándose en los campos linderos a la Villa, que pronto limpiaron de malezas para cultivar espléndidos trigales.
La política gubernamental para con estos campesinos fue severa y a la vez eficaz. El 5 de agosto se ordenó al oficial encargado de la Estancia del Rey, "que a los vecinos isleños de la nueva Villa de San Carlos no se le den más de dos o tres reses diarias, porque se le dio para establecerlos en ella porción de ganado, el cual ya se les habrá aumentado mucho ". 35
Cabe aclarar que de las reses se aprovechaban muy pocos cortes, el resto se desperdiciaba.
Cevallos interesado en el adelantamiento de la producción de la Villa, fomentó la inmigración de los Isleños de Río Grande, considerando a estos laboriosos. El proceso se cumplió en diferentes momentos. A este respecto el 13 de octubre le escribe a Infante, "Que el teniente coronel Dr. Joseph de Molina le dice... que estando por despachar del Río Grande unas familias que deben venir al nuevo pueblo de San Carlos, ha pedido a Vm. envío 5 o 6 carretas hasta el Fuerte de Santa Teresa para que tomándolas allí puedan volverse al Río Grande los Isleños que las han de conducir con sus carros. "36
No obstante su buen sentido establece las diferencias con sus coterráneos. Oficia al comandante de Maldonado, "Los oficiales de las Compañías de Milicias que formaren, deben ser Españoles y no Portugueses ni Isleños... "; lleva fecha 20 de octubre.37
A medida que se poblaba la Villa el gobernador tomaba nuevas providencias para su desenvolvimiento. El 4 de diciembre ordenó, ''que se mude la Estancia del Rey y la sitúe entre los ríos Rocha y de San Carlos... En acabando... el ganado del Rey de la Estancia actual entre Maldonado chico y Joseph Ignacio, servirá este terreno para Estancia común de la nueva Villa... " 38
La vida bucólica de la Villa no se vio conmovida en el período de dos años, por ningún hecho relevante.
Recién el 4 de febrero de 1766, agobiado por la pobreza del lugar y la epidemia de viruela que afectaba a la villa, el padre fray Sebastián Narbona abandonó el pueblo.
Lucas Infante le comunicó la nueva a Cevallos, que rogó al sacerdote que esperara se nombrara un sucesor para retirarse. Para congraciarse procuró agasajarlo invitándolo a comer a su casa. Le hizo presente, "el miserable estado en que ese pobre pueblo se halla a causa de la, epidemia de viruelas que al presente está padeciendo, motivo a que se han muerto muchas gentes y la mayor parte indios".
No tuvieron éxito los ruegos del Comandante, pues el sacerdote se retiró a su convento en Montevideo.39
En el ínterin murieron por la epidemia en la Villa, cuarenta pobladores.
El 15 de agosto de 1766 se hizo cargo de la gobernación del Río de la Plata, Francisco de Paula Bucareli y Ursua.
Ese mismo año, otro hecho conmovió a la Villa.
Conviene saber que, a pesar de los esfuerzos de la Corona e incluso de los buenos gobernantes virreinales para erradicar la corrupción de los funcionarios diseminados por el amplio territorio colonial, muchos de estos cometieron abusos de poder y dolo administrativo en su beneficio. La lejanía del gobierno central favoreció estas conductas indeseables que perjudicaron grandemente las economías locales y especialmente a los esforzados pobladores.
Cansados sus habitantes de los abusos del comandante Infante, que cada tanto se quedaba con parte del trigo de las cosechas y con la leña que cortaban en los montes, para su usufructo personal, lo denunciaron al gobernador.
Bucareli pronto envió un oficio en términos muy duros, le dice, "Prevengo a Vm. vuelva a encargar el mando y cuidado del nuevo pueblo de San Carlos... a. el alférez de Dragones Francisco de Cossio e igualmente , que se abstenga. Vm. de tomar por sí, providencia en uno ni en otro lugar sin darme parte primero, pues ya me falta tiempo para leer recursos y quejas que llegan a mis manos, exponiendo las tropelías e injusticias con que maltrata violentamente sus vecindarios, y con más dolor he sabido, los tiene Vm. escandalizados con su licenciosa vida, de modo que si Vm. no se corrige contra todo lo que me dicta el genio, será forzoso tomar providencia, ...y dar de ella cuenta al Rey... y espero recibo de esta carta. Buenos Aires, 24 de setiembre de 1766. "4o
Movido por la ira, Infante intentó expulsar de la Villa a las familias que lo habían denunciado, pero enterado el gobernador le ordenó el 13 de octubre, "... Para expulsar del Pueblo nuevo de San Carlos las familias que supone Vm. perjudiciales, es indispensable que el todo del vecindario lo pida para mandarlo, y entre tanto no haga Vm. novedad con ellas ".41
En buen romance le advertía con un principio democrático, "es indispensable que el todo del vecindario lo pida"; que se abstuviera de seguir molestando a ese sufrido pueblo.
A principios del año 1767 ya encontramos como Comandante de Maldonado a Juan de la Riba Herrera.
Una de sus primeras medidas consistió en dictar un Bando para los habitantes de la Villa de San Carlos, dada la preocupante situación económica que atravesaba la Parroquia.
Como en todos los tiempos, quienes debían aportar un impuesto a sus ganancias, no lo hacían. En ese sentido, comunicó, "...puede con el tiempo no tener aquella decencia que corresponde al culto divino a proporción de los posibles de sus moradores, que de estos hay varios que venden a su libertad, sin pagar al Rey ni a otra persona cosa alguna, tendrán entendido todos los pulperos que venden en ella desde hoy en adelante, deben contribuir en los términos de equidad... " El bando lleva fecha 8 de febrero de 1867.
Aparecen como contribuyentes obligatorios, siete pulperos: Juan Fernández, Antonio Cortéz, Gabriel Baziaga, Francisco Portillo, Manuel Mezo, quienes debían oblar ocho reales y, José Embil y María Angela Rey, cuatro reales. 42
A la vez que impulsaba la estabilidad económica de la Iglesia, de la Riba enfrentó a su encargado, el fraile Franciscano Juan Crisóstomo Fernández. El sacerdote se opuso a la confiscación de los carros de los vecinos, que trasladarían pertrechos y granos al Río Grande. Por otra parte, la vida privada del sacerdote, según el Comandante de Maldona-do, no se adecuaba a los preceptos católicos.
Por estas razones escribió al gobernador solicitándole lo separara de la Villa, le decía, "hoy me han desengañado de la poca asistencia, modo de obrar, que me parece más propio de un Gauderio que de un sacerdote... A más de esto hay algún escándalo en aquella Villa con este Padre: porque aseguran vive a puerta cerrada con una mujer casada..." Esto sucedía el 11 de marzo.43
Este año de 1767 se temía una invasión portuguesa a Río Grande, San Miguel y Santa Teresa, pues habían atacado los puestos que mandaba José de Molina. Previendo un ataque a Maldonado, el gobernador ordenó, el 5 de junio, que partiera de esa plaza hacia Río Grande para reforzar las fuerzas de Molina, la Compañía de Granaderos del Batallón de Buenos Aires.
La situación era tensa. De la Riba preparó a Maldonado para la eventual agresión lusitana. El 7 de junio avisó al gobernador Bucareli, "tengo trabajando diez y ocho soldados... con veinte vecinos de la Villa. San Carlos escogidos de aquellos que no solo no me puedan servir de provecho en aquella Villa, porque si los dejara en ella, probablemente me perturbarían mis disposiciones... habiendo puesto en dicha Villa una patrulla de ocho paisanos vecinos españoles, que son los únicos que hay en ella para que alternativamente ronden e inquieran cuanto pase... " 44
La desconfianza en los vecinos portugueses de la Villa comenzaba a fermentar.
En verdad, algunos de los portugueses jóvenes, ávidos de riquezas y poco proclives al trabajo duro, llevaron adelante atrevidas incursiones en las Estancias del Rey, apropiándose de caballos y vacunos.
Se les llamaba "gauderios". Hábiles jinetes y baquianos notables: aspiraban a vivir sin sujeción a las leyes.
En este sentido, de la Riba Herrera escribió a José de Molina que se hallaba en Río Grande el 3 de julio " ...y de camino conducir... al Patrón Gauderio, que había, tomado aquellos días a Simón Correa Piroto uno de los principales Gauchos de la Villa de San Carlos que estaban presos en la Isla... " 45
El 10 de agosto de la Riba ofició a Bucareli, "Los gauderios han robado estos días veinte y tantos caballos correspondientes a los vecinos de la Villa San Carlos; pero yo a estos les creo poco, y más bien creeré que se los venden... "46
Los robos, en esos días, se multiplicaron, al punto que el Comandante ofició al gobernador el 14 de octubre, "La insolencia de los Gauderios crece todos los días, toda esta gente se dirige a aumentar la Nue-Población de los Gauderios. "41
Es la primera vez que a la Villa se la denomina "población de los gauderios", que equivalía a pueblo de forajidos y ladrones.
Para aumentar la confusión, el dieciocho de octubre se incendió la Capilla construida por Fernando de Cossio.
De inmediato de la Riba Herrera comunicó el hecho a Bucareli. Le dijo, "Noticio a V.E. como por aviso del oficial Comandante de la Villa San Carlos, D. Manuel de Fuentes, he sabido que el día diez y ..v/70 de este, se ha quemado la tercer parte de la Iglesia de dicha Villa, que comprende el altar, y en ella lo que expresa la minuta adjunta, y me persuado haya sido a mano porque habiéndome hecho cargo, después de tiberio visto, me parece imposible que siendo la Iglesia... hubiera sido ¡a materia seca, fácil a inflamarse con voracidad, tiempo para reservar '.os dos tercios de ella; sea lo que fuere, lo cierto es que ha sucedido; pero remediaría en todo pasado mañana lo quemado a excepción de las prendas ".48 Lleva fecha 23 de octubre.
La minuta aludida de lo quemado comprende: "una imagen de Muestra Señora del Rosario con su niño; una cruz de Jacaranda grande que servía a los entierros; un frontal nuevo de damasco blanco con cenefa encarnada; dos manteles nuevos de altar; el Santo Cristo quedó chamuscado".49
Desde Buenos Aires contestó Bucareli, "quedo enterado por Vm., ^i darán las disposiciones convenientes a remediar el daño ". 50
A finales de año, el 29 de noviembre, los pobladores recibieron la noticia del gobernador que les permitía pasar a vender "sus frutos sobrantes a Río Grande", prohibiéndoseles llevarlos a otro destino, "porque allí los necesitan y conseguirán el mayor beneficio".51
A comienzos del año 1768 los pobladores de la Villa tuvieron una novedad: el 7 de febrero el gobernador Bucareli ordenó que el teniente del Batallón de Buenos Aires, Manuel de Fuentes regresara a la Capital y se hiciera cargo de la Comandancia el teniente Fernando Liñán. La conducta meritoria de Fuentes, lo hizo merecedor a otro importante destino.
Mientras, el problema que traía el robo continuo de hacienda y caballos preocupaba grandemente a las autoridades.
Tanto en Maldonado como en la Villa y sus alrededores no era posible adquirir equinos para el ejército a ningún precio.
El 16 de diciembre de 1768 de la Riba Herrera recomendó a Bucareli, "... convendría mucho no perder la ocasión de que yo pasase con los Correntinos y algunos Dragones a dar sobre la canalla de los ladrones en su mismo campo o lugar... que tienen cercado de palo a pique, con dos o tres cañones que les han dado los portugueses... lo que ha faltado de la Villa de San Carlos, todos aseguran que ha sido trato que aquellos vecinos han hecho con ellos para vender sus animales... " 52
Quienes se dedicaban al robo y posterior venta de los animales estaban perfectamente organizados.
Es así que Jerónimo Pereyra, vecino de San Carlos, pagaba veinte pesos mensuales a Ramón Delgado, baquiano y ladrón de vacunos y caballos. Por su parte, el mencionado Pereyra recibía a su vez pagos mayores del capitalista de la banda, Manuel Ventos, pulpero del Viamonte. Llegaron a tener en los corrales de palo a pique cuatrocientos caballos.
Luego de varias salidas de patrulla] e, los aprehendió el Comandante de la Villa, el 9 de octubre.
En Maldonado, Bartholomé Ferro sucedió en el mando de la comandancia a de la Riba Herrera.
Al tiempo llegó a esa plaza un enviado del Gobernador para constatar el estado y orden de esta importante base militar. Se trataba de José de Castilla y Guzmán, quien ofició a Bucareli, "Persuadiéndome estar obligado todo dependiente de S.M. procurar los mayores aumentos de su Real Corona siendo uno de ellos cortar el ilícito comercio me vi precisado a ejecutarlo practicando la diligencia que V. Exa. insinuó, persuadiéndome que D. Bartholomé Ferro... que el tiempo que gastaba en hacer casas par a su habitación, estando tan bien alojado, sería más bien empleado en poner bajo cubierto la tropa del Rey... " 53
Castilla y Guzmán anotició al gobernador el estado ruinoso de los cuarteles, algunos de los cuales no tenían siquiera techo que los protegiera de las lluvias, mientras el comandante vivía con lujos excesivos.
También lo acusó de apropiarse, para su uso personal, de las "ocho o diez carretadas de leña que los vecinos llevaban a Maldonado". Se refería a la leña que los carolinos aportaban a esa Plaza.
Para aumentar la gravedad de la situación, sostuvo el enviado que las mercaderías que llegaban a este puerto para sostenimiento de los soldados, se vendían en las tiendas del pueblo.
Son numerosos los informes que Castilla y Guzmán envió al gobernador con acusaciones a la conducta de Ferro.
A mediados de este año de 1768, los vecinos de San Carlos presentaron al gobernador Bucareli un Memorial contra el Comandante de Maldonado, Bartholomé Ferro.
¿Qué había sucedido? En medio de la pobreza que sufría la Villa, con pocas producciones obtenidas en el laboreo de la tierra, cría y cuidado del ganado, como mayor elemento de riqueza y bienestar, sufrieron la requisa de granos por parte de Ferro. Puede decirse que la vida de los carolinos transcurrió mucho tiempo entre estas contrariedades derivadas de los abusos, excesos, falta de prudencia y celo de los Comandantes de Maldonado.
En esta oportunidad la acusación recaía en Ferro. Dieciocho vecinos firmaron un memorial, a instancias del fuerte comerciante José Fernández de Sosa y del combativo cura Vicario de la Villa, fray Crisóstomo Fernández.
Cabe recordar que este último ya había sido víctima de una grave calumnia del comandante anterior, de la Riba Herrera, quien lo acusó de convivir con una mujer casada.
Al enterarse de las acusaciones que se le habían hecho, puso en marcha el engranaje administrativo, político, militar y de justicia que dominaba. Se presentó en la Villa con todos sus ímpetus, con todas sus malicias, haciendo uso de un despliegue de poder desconocido hasta ese instante en la tranquila Villa.
Hizo comparecer ante sí a los sencillos pobladores firmantes, la mayoría iletrados, que como es natural en situaciones como la descripta, se desdijeron. Acusaron a los cabecillas de haberlos obligado a adherirse engañosamente.
Esto sucedía el 23 de julio de 1769. Rodeaban al Comandante, Fernando Liñán, comandante de la Villa; Ramón de Marte, teniente del Regimiento de Mallorca; los tenientes de milicias José Picolomini y Clemente Puebla; los comerciantes Manuel de Araujo y José de Sosa, amén de los cirujanos residentes en la Villa, José Díaz y Domingo de Fuertes. Ferro escribió a Bucareli, "...elacusado comandante solicita aclarar mirando por su estimación, y tenga la verdad el lugar que merece y quede enterado de ella dicho Sr. Exmo... proceda contra quien puso semejante cláusula que es del tenor siguiente: Que el año pasado nos atropello el señor comandante quien por fuerza con tropa nos sacó todos los granos, demás cosas, no quedando lugar oculto en nuestros ranchos adonde no se hiciera registrar (hasta debajo de la cama) y almacenarlos en un Cuartel de tropas, sin medida, ni pagárselo, de donde no se supo que camino cogió lo que se quitó con tanto vigor... " 54
Como era de esperar, el 8 de agosto ofició a Bucareli que tiene presos en la Isla a los dos "instigadores del Memorial que lo acusaba del cohecho".55 El 19 de ese mes, comunicó a Buenos Aires que, de acuerdo a lo que le ordenan, le envía dos presos.
Por su parte, al comerciante Fernández de Sosa el 25 de agosto le embargaron todas sus pertenencias, comercio, casas, estancias, ganados y efectos. El inventario ocupó 10 folios, lo que da idea de su importancia.
Es sugestiva la nota de Ferro a Bucareli cuando le avisa que pasará a San Carlos para poner al frente de la Comandancia al teniente Vicente Jiménez en reemplazo de Fernando Liñán, dice, "... igualmente practicaré si hubiere algo que vencer con los vecinos... en las pasadas diferencias''. Sucedía el 18 de noviembre.56
En efecto, los vecinos estaban disgustados y resentidos por las arbitrariedades cometidas por este militar.
En el año 1770, aparece un personaje que, con el tiempo, tendría importante gravitación en la Villa. Se trata de Antonio Castañeda y Chaverría. El primero que entendió que para detener la migración de pobladores que se radicaban en otras jurisdicciones por los abusos que padecían y, desprenderse de la tutela de Maldonado, debía obtenerse Cabildo y Justicia Ordinaria.
Algunos lo acusaron de tener ambiciones personales. Y esto es cierto, pero debemos destacar que los hombres con aspiraciones son los que traen al organismo social el progreso.
En este orden, Castañeda se sublevó contra la miseria, contra la injusticia, encontrando energías para librar batallas tercas y vanas en su inexorable suerte en el año de 1780.
El hecho es que el Comandante Ferro le avisó a Bucareli el 9 de febrero de 1770, que el Obispo le otorgó un título a Castañeda para que ejerza de notario apostólico en la Villa. También presentó al gobernador Bucareli un memorial para que se le eximiese su persona y casa, "exceptuándole de todo". Ferro dice. "... en virtud del Decreto de V.E. se ha dado a reconocer como tal en dicha Villa y prevenido a su Comandante queda excenta su persona y casa arreglado a lo que V.E. ¿n él previene, pero solicita dicho notario, gozen el mismo privilegio iodos los parientes de la que ha de ser su mujer, lo que es gravoso a los demás vecinos por tener éstos, bueyes y carros para emplearse en elservicio... "57 Al decir el servicio, se refería a la asistencia de las necesidades de la plaza de Maldonado.
A mediados del año 1770 la expectativa se concentraba en la designación del nuevo gobernador que reemplazaría a Bucareli. En ese orden fue nombrado interinamente desde el 4 de setiembre de 1770 y, gobernador y capitán general por R.C. del 16 de agosto de 1771, D. Juan José de Vértiz y Salcedo.
El teniente general Vértiz nació en Mérida, Nueva España. En 1773 estuvo en la ocupación de la Colonia del Sacramento.
Vértiz ordenó el comercio, fomentó la educación e impulsó el progreso edilicio.
Así, el 19 de mayo de 1771, Vicente Jiménez, comandante de la Villa dio un informe sobre el ganado de la Estancia del Rey de ese Cuartel. Habían como ganado de corral 3.292 terneras, 6.503 vacas, 2.154 toros, 632 novillos, 500 animales más que salieron del corral. El ganado de la Barra ascendía a 9.000 animales y de Garzón 7.703.58
Por cierto, la política del gobernador respecto a las mejoras edi-licias no se hizo esperar. El 16 de junio de 1771 llegó la orden para la Villa, "...fabriquen sus casas de pared de piedra y teja en que habiten, precisando a cada familia la construcción de su respectiva habitación; proporcionando el par aje, las calles y demás districiones con acuerdo de su Comandante Vicente Jiménez ".
El comandante de Maldonado, Bartolomé Ferro contestó, "...que en cumplimiento de su orden, ha ordenado al Comandante de la Villa de San Carlos para que los vecinos fabriquen sus casas de pared y teja, como también que cada vecino que tenga carro, done un novillo para las urgencias y transportes de el Real servicio de este Cuartel a el de el Río Grande. " Fechada 30 de junio.59
Esta disposición trajo pronto progreso y, en consecuencia mayor apego a la Villa por parte de sus pobladores. Se cumplía el fin previsto por Cevallos. El año 1769, los carolinos que alimentaban con sus cosechas a civiles y militares de las cercanías, sirviendo además con sus carretas de transportistas de todo tipo de mercaderías hasta Río Grande de San Pedro, tuvieron malos rindes en la cosecha.
Bartolomé Ferro, comandante de Maldonado informó al gobernador Vértiz, el 28 de noviembre de 1770, "todos los años mandaba a los vecinos cosecheros del Pueblo nuevo de San Carlos, condujesen a el Río
Grande el trigo necesario para el abasto de aquél Destacamento, lo que no pude ejecutar el año pasado por haber cojido poco... " 60
En noviembre de 1774, ordenaba José de la Quintana al Comandante de la Villa, "Sírvase Vm. proceder sin pérdida de tiempo al embargo de los carros de la Villa de San Carlos, que sean necesarios, para verificar el transporte de las municiones... al Río Grande. "61
Los años siguientes no presentaron hechos destacados. Los oficios y correspondencia se refieren en general a robos de ganado y pleitos entre vecinos.
Reducción facsimilar del auto del Virrey Cevallos sobre internación libre por Buenos Aires a los reinos del Perú y Chile. Precedente del Decreto de Comercio Libre del 2 de febrero 1778La creación del virreinato del Río de la Plata por R.C. del 1° de agosto de 1776 y la llegada del primer virrey, Pedro de Cevallos el 15 de octubre de 1777, trajeron mayores expectativas.
De forma paralela a la finalización de los conflictos con Portugal por el Tratado de San Ildefonso, el ministro de Carlos III, Pedro Rodríguez Campomanes, promovió grandes cambios en lo económico. Comenzó por dar por tierra el prejuicio de la clase dirigente española a los "oficios bajos", tales como la agricultura y la ganadería, necesarios para el bienestar y riqueza del Estado. Esta fue, sin duda, una de las razones de la pobreza de los pueblos rioplatenses. Los trabajos de la tierra eran considerados innobles y quedaban en manos de los esclavos e indios.
Campomanes avanzó hacia la economía moderna, promoviendo procesos completos. Decía, "la agricultura sin la artesanía no es suficiente para sostener a un Estado y para hacerlo florecer. También es necesario mantener unidas las tres ramas de la agricultura, la ganadería y la industria ". Sostenía que la agricultura sin la industria es de poco provecho, porque la mujer, los hijos e hijas del labriego, de no trabajar en alguna manufactura, llegan a constituir un peso que, por inevitable que sea, "oprime al jornalero y empuja al campesino a la ociosidad. "62
Su política destrabó el comercio interno de las colonias, permitiendo la aparición de manufacturas.
Ricardo Levene sintetizó la nueva política, "una pública, reacción contra el sistema de restricciones de los siglos anteriores. "
El Virrey aplicó de inmediato el R.D. de Libre Comercio. Derogó la aduana seca que imponía gravámenes a las mercancías que de Buenos Aires se enviaban al interior.
Por otra parte, Cevallos dictó un reglamento para el trabajo de los peones del campo, que fijaba las jornadas de trabajo y las vacaciones, un hecho inédito en estas colonias.
Estas medidas influyeron positivamente en la alicaída economía de la Villa de San Carlos, principalmente de producción agropecuaria.
El 12 de junio de 1778 entregó el virreinato al gobernador de Montevideo, teniente general Juan José de Vértiz y Salcedo.
El virrey Vértiz implemento un plan para la colonización de la costa patagónica en 1778, con el objeto de "... impedir que otras naciones se establezcan en alguno de sus puntos, desde donde podrían penetrar hacia Perú y Chile... " 63
En ese sentido existía un peligroso vacío poblacional que favorecía el expansionismo portugués e inglés. Ante esa situación pobló Sin Fondo y San Julián con colonos españoles. Pronto, el clima inhóspito y el terreno árido, hicieron fracasar el intento.
En el año 1781 suspendió la remisión de colonos a los nuevos establecimientos de la costa patagónica. Tres años más tarde se vio obligado a suprimir las colonias.64
Confiaba que los ingleses no podrían llevar a cabo lo que los españoles no pudieron sostener. En el informe anotó, "... son una pesada carga para el fisco real a la vez que son absolutamente inútiles para, las intenciones políticas del gobierno. "
Acto seguido, estos sufridos pobladores emigrados de los establecimientos patagónicos fueron repartidos en Minas, Santa Lucía. San José y San Carlos.
También otras familias que venían a radicarse en la Patagonia, quedaron en Maldonado y San Carlos, reemplazando a gran cantidad de "isleños", que luego de la firma del Tratado de San Lorenzo, retomaron al Río Grande.
En el ínterin, en la Villa de San Carlos corrió el rumor que los portugueses allí asentados por no haber regresado a Río Grande, serían embarcados rumbo al sur. El capitán Tarufo comunicó el 10 de enero de 1780, "... están alborotados los que quedaron, con una noticia introducida que han de ir precisamente a la costa Patagónica. "
Esta noticia que conmocionó a los pobladores mencionados, no tenía asidero alguno.
Es más, desde Buenos Aires el 20 de junio de ese año, ordenó el Virrey a Pérez del Puerto, "... s-e ha dispuesto... que las familias pobladoras de la costa patagónica contenidas en la adjunta relación, se establezcan por ahora, según han solicitado, en el pueblo nuevo de San Carlos, y que sean asistidos de cuenta de la Real Hacienda con un real diario... Esta gente debe ser tratada con cariño y suavidad para que se mantengan gustosos y se embarquen sin repugnancia cuando se les mande pasar a los Establecimientos de la Costa de Patagones... "65
A partir de ese momento y por varios años, se denominó a estos pobladores y, a otros que llegarían más tarde, "pobladores depositados en el Pueblo nuevo de San Carlos" o "pobladores transitorios de San Carlos". Algunas familias pasaron a Montevideo u otros puntos, quedando, la mayoría afincados en la Villa.
Sabemos por un oficio enviado por el comandante de la Villa a Vértiz que otras familias patagónicas, llegaron el 7 de julio procedentes de Montevideo. Las alojó en las casas desocupadas que los portugueses abandonaron, como lo ordenó el Virrey, aunque le ofició, "... sin embargo de que todas tienen dueño, por haber permitido mi antecesor sus ventas a los que fueron al Río Grande ".56
El grupo estaba compuesto por 40 personas.
Manuel Gallego67 por orden de Vértiz le comunicó a Pérez del Puerto, "... el destino dado por el Sor. Virrey a los pobladores existentes en ese, debe observarse sin variación, pues no puede inducir a ello la circunstancia de no estar comprendidos en la Relación que remití a Vm. para su pase a la población de San Carlos; en cuya inteligencia los socorrerá como a los demás de su clase. "68 Está fechada en Buenos Aires, 2 de agosto, de 1780.
Otro hecho significativo, fue el pedido del comandante Tarufo al Virrey el 25 de noviembre, para que fuese reconocido el doctor Miguel Gorman, protomédico del Tribunal Real del Protomedicato."69
También cabe anotar, que entre los muchos conflictos que mantuvieron los Curas Párrocos y Vicarios de la Villa con los comandantes militares, merece señalarse el del padre Silverio Pérez de la Rosa con el teniente de Dragones Vicente Tarufo.
El 10 de setiembre de 1781, el Comandante de la Villa Tarufo, ofició al Virrey Vértiz que recibió la carta fechada el 25 de agosto con orden de desembargar "... las primicias que se habían embargado a D. Silberio Pérez de la Rosa, Cura y Vicario... lo impidió su precipitada fuga del pueblo, dejando abandonada la Iglesia que estaba a su cargo. No había sacristán que entregara el Libro de Fábrica donde constaban las entradas y salidas, por lo que no se le pudo hacer cargos ".
Por su parte, el Cura había solicitado el 2 de abril al Virrey el desembargo de las "... primicias de trigo...", que Tarufo había ordenado embargar, "... por su voluntariedad y antojo por haberme venido contra su voluntad al concurso de oposiciones a los Curatos ".
Como se desprende del oficio de Tarufo, la iglesia estaba ya en construcción en ese momento.
Entremedio, el 7 de marzo de 1784. asumió en Buenos Aires el nuevo virrey Nicolás del Campo, marqués de Loreto y vizconde de San Nicolás. Antes de partir, el rey Carlos III le entregó instrucciones diciéndole, "... lo habéis de ir ejecutando poco apoco, y no de una vez... Tú lo harás bien. "
Del Campo puso manos a la obra, combatiendo la corrupción en-quistada en la administración pública, dando severos castigos a los delitos de prevaricación. Benefició por su parte, a los agricultores y ganaderos a través de la promoción de las exportaciones de granos y carnes, cuestión que trajo bienestar y progreso a la Villa de San Carlos.
Una propuesta interesante y progresista, fue presentada el 14 de junio de 1788 por el poblador Bernabé de Cal. Proyectó la construcción de un molino de agua en la margen del arroyo, para abastecer a la Villa.
El Comandante le extendió el permiso necesario para principiar la obra, pero pronto la queja de los tahoneros portugueses obligó a suspenderla.70
Otra situación singular se presentó el 30 de julio de 1795, cuando el boticario y cirujano de Maldonado, presentó al Comandante una querella contra Manuel Rodríguez Sánchez, vecino de San Carlos, por realizar curaciones sin título.
El Comandante expresó en el oficio a sus superiores, "... informo de las buenas circunstancias, tiento y caridad de este indio... "71
En otro momento, se suscito en este pueblo de agricultores y ganaderos, un conflicto de intereses. Sucedió el 20 de diciembre de 1800. Los agricultores estuvieron representados por Bernabé de Cal, Antonio Sosa, Juan A. de la Fuente, José Yelmo, Thomas Corbo, Manuel Recuers y Mathías Prieto, quienes presentaron una queja sobre "... la poca autoridad y vigilancia con que se miran los sudores y afanes de nuestra labranza y sementeras de trigo, permitiendo nos arracen y destruyan nuestros trigales, la multitud de animales que de Benito López y otros que nos circundan nuestras tierras... "72
Enterado el virrey Aviles el 14 de enero, previno al Alcalde, "... tome las más prontas y eficaces medidas... "73
Otro episodio destacable, acaeció el 29 de abril de 1805. Está referido al primer pleito mercantil, de allí las dudas sobre su tratamiento. _____El Alcalde consultó al profesor Nicolás de Herrera en Montevideo, quien determinó, "... inhibirme y remitir a ¡as partes alJuzgado de Comercio más inmediato...y como el Juzgado a mi cargo... ha ejercido y ejerce funciones de ordinario, sin embargo de obtener el título de Alcalde de la Hermandad, como una Villa que tiene su jurisdicción territorial independiente, con sola relación al Superior Gobierno, cuya circunstancia no ha bastado para variar el dictamen del Asesor Juan Correa. "74
La orden respondió al artículo 10° de la Real Cédula de erección del Consulado de Buenos Aires: que en los pueblos donde no haya diputados conozcan precisamente los Jueces Ordinarios en las causas mercantiles, "...y no considerando el Asesor Ordinario la jurisdicción que Vm. ejerce de dictamen, se inhiba de su conocimiento, mandando a las partes al Juzgado de Comercio más inmediato. Nicolás de Herrera. "75
Años más tarde, desempeñando el cargo de virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, recomendó, en una proclama del 10 de agosto de 1809 a todos los pueblos de su mando, fortalecer la moral y mantener las buenas costumbres.
Por ese entonces el padre Amenedo, cura párroco y vicario, sostenía un conflicto de proporciones, con el Comandante de la Villa, capitán de Blandengues de Montevideo, Carlos Maciel.
Considerando la gravedad de la situación, Amenedo, como último recurso, escribió directamente al Virrey el 16 de octubre de 1809. Ello en razón del fuerte respaldo de Montevideo y Maldonado al citado Comandante.
En la carta sostuvo que, en razón del ministerio que ejerce hace 29 años, obtuvo logros conforme a las recomendaciones, pero el fruto del esfuerzo y sacrificio para mantener en la feligresía esos principios, se malogran desde la llegada a la Comandancia del capitán Maciel, cuya permanencia en la Villa está ocasionando muchos males.
En un párrafo adujo, "... Este oficial... su esposa y sus hijos con sus irregulares procedimientos del lujo, juegos y bailes de su casa, se ha atraído un partido de jóvenes que entregados al libertinaje, van infestando la población con la semilla de la murmuración, la discordia y desavenencia de las familias, intrigas sobre cual es más en un Pueblo de Labradores: pero lo que es más, con desprecio a la Justicia, su Cura y su teniente y al Santuario mismo... " Más adelante agrega que sufre de los jóvenes licenciosos, todo género de desatenciones y vejámenes.
Por su parte, Maciel para escarmentar al Vicario, permitió obviar el pago de los derechos parroquiales y de fábrica, necesarios para la subsistencia de las Iglesias de San Carlos, Rocha y Santa Teresa.
Amenedo advirtió al Virrey que, el mal ejemplo venía de la Junta escandalosa de Montevideo76 exponiendo a las familias, porque "... los incautos padres por respetos mal entendidos se ven comprometidos a gastar más de lo que deben, y a exponer sus hijos a consiguientes desgracias".
También denunció la gravedad de la situación institucional de la Villa, donde "... no suena otra voz que la del Comandante: la Justicia del Pueblo se ve hollada y despreciada también porque D. Carlos Maciel en uso de facultades que no le confiere su comandancia, se ha entrometido y usurpado la Jurisdicción del Alcalde: Este que nunca puede salir de la esfera de un labrador o hacendado obscuro, cuando no con uno que haya sido marinero, se deja dominar... por donde se ha subvertido todo el orden político de la. Población, y sus vecinos no tienen un Juez natural que los oiga y determine en sus demandas con firmeza... "
Esta última aseveración, nos retrotrae al planteo hecho años antes por Antonio Castañeda sobre el gobierno de los más competentes, rechazado tumultariamente por los portugueses.
Esta era la primera vez en la corta historia de la Villa, que un Comandante se enfrentaba con un hombre de luces y firmeza en sus determinaciones. Un sacerdote que presintiendo peligrar su misión evangelizadora, batalló desde una importante base de sustentación política: su prestigio. Bien sabía Amenedo que varios de sus antecesores debieron abandonar la Villa corridos por Comandantes abusivos y prepotentes.
Pronto Cisneros ordenó lacónicamente, "que se prevenga al Gobernador de Montevideo, haga pasar a Maciel a servir en su Cuerpo, nombrando otro oficial para Comandante de San Carlos".
Enterado Maciel de la nota al Virrey, enfureció tomó una medida drástica el 7 de noviembre.77 La refiere Amenedo en una carta a Cisneros, "... se presentó el Comandante en la Sala Capitular... y dijo en voces llenas de autoridad: Vengo a Cabildo Señor Alcalde, a fiscalizar y saber de esa representación que contra mí se ha hecho en Casa del Cura para el Señor Virrey, y han firmado D. Antonio Vela y D. Antonio Rodríguez Maurente que están presentes. "
Nuevamente el Virrey ordenó, "... que se repita la orden anterior al Gobernador de Montevideo a fin de que se evite la repetición de recursos, previniéndole la pronta ejecución y que nombre otro oficial para aquella comandancia o, un sargento si le pareciese bastante. "
Por su parte, el 4 de diciembre, el Alcalde comunicó al Ministro Pérez del Puerto este suceso. Detalló que, "... el Comandante de la Villa Carlos Maciel (apareció) de improviso en la puerta del Cabildo, dejando en esta el cabo y soldados que traía consigo con espada desnudas, aírope-llando el respeto y decoro que se debe al Juzgado y diciendo en voces altas que venía a fiscalizar lo que se había escrito y firmado contra él en Casa del Cura y Vicario esa mañana, trayendo consigo arrestados dos vecinos que habían firmado... Una hora antes de este suceso había estado en Casa del representante el Estafetero de esta Villa, D. Miguel Urrutia, con una solicitud para, V.E. pidiendo la permanencia de este Comandante para que el Alcalde la firmara con los vecinos... Unos hechos tan violentos no proporcionan más que la debilidad de la Justicia en este Pueblo. " 78
El temple de Amenedo acabó la altanería de este militar. Pronto vendrían nuevos tiempos en los que florecería la libertad y la democracia, principios a los que adhirió pronto el padre Amenedo.
Vicisitudes de los pobladores "patagónicos"79
Merece unas líneas aparte las penurias que pasaron por años los llamados "pobladores depositados en el Pueblo nuevo de San Carlos", familias del fallido proyecto de poblar la costa patagónica.
Todo comenzó, como ya hemos anotado, el 20 de junio de 1780, cuando el virrey Vértiz ordenó a Pérez del Puerto, establecer a las familias pobladoras de la Patagonia "... por ahora... según han solicitado, en el Pueblo nuevo de San Carlos... "
El 20 de setiembre de 1784, Francisco de Paula Sanz, Intendente de Ejército y Real Hacienda escribió al Ministro de Maldonado Rafael Pérez del Puerto avisándole que, por Real Orden de 13 de septiembre de 1778, había resuelto Su Majestad que a los pobladores enviados a esa jurisdicción con destino a poblar la costa patagónica, se les suministre para su radicación, habitaciones, útiles para la labor, tierras en propiedad, una o dos yuntas para su beneficio, semillas para sembrar y que se les sostuviera un año desde su arribo a los nuevos establecimientos a que se les destine.
En consonancia con esta Real Orden, se presentaron en la Intendencia del virreinato, Manuel Ortíz, Bernardo Sánchez y Roque Gándara por sí y a nombre de las demás familias establecidas en la Villa de San Carlos, solicitando se cumpla la contrata.
Sanz comunicó a del Puerto que la Junta Superior en acuerdo del 1° del corriente decidió, "... que por mise disponga la tramitación de esas familias a la Colonia del Sacramento, o las coloque en otros destinos según me parezca, hasta tanto que se resuelva la utilidad de las nuevas Poblaciones que se proyectan en la raya que divide el terreno neutral con los portugueses en la frontera de Río Grande, y que en el ínterin se las asista con los auxilios que tengan derecho por sus contratas como consta del adjunto testimonio: tengo por conveniente prevenir a V. que en el concepto que las enunciadas familias han de susbsistir por ahora y hasta tanto no se les señale Población determinada, en la Villa de San Carlos, las socorra diariamente.....y también que a las que no han pagado, que no se les cobre... "
Cabe señalar que estas familias quedarían definitivamente radicadas en la Villa.
De lo ordenado, nada se cumplimentó. Es así que a principios de 1797 los pobladores patagónicos de la Villa junto a los ubicados en otros pueblos, otorgaron un poder a Bernabé de Cal, natural del Reino de Galicia "... para que se les abonara el Real diario que tienen devengado las familias destinadas a San Carlos ".
Cal, uno de los llamados "patagónicos", hizo una presentación al Virrey en la que le expresa, "... que habiendo seguido el expediente hasta manos de S.M. (Que Dios guarde), he logrado Cédula Real para que se nos abone el socorro del Real diario, alquileres de casa... y todas las condiciones con que vinimos de España: y habiéndome presentado con dicha Cédula a este Superior Gobierno, corrió todos los Tribunales, mandando V.E. con vista del Fiscal que los Señores Ministros Generales de Real Hacienda liquidasen la cuenta del haber de dichos pobladores... "
El desinterés de los funcionarios por estas familias, vestigio del fracasado intento de poblar la costa patagónica, está a la vista.
Nuevamente el 5 de febrero de 1797 desde Aranjuez, el funcionario de la Corona, Várela, comunicó al Virrey, que examinó el testimonio remitido de Buenos Aires el 25 de agosto del pasado año, sobre el expediente seguido por los pobladores destinados a la costa patagónica que, "... solicitan... por la Real Hacienda el diario que anteriormente disfrutaron entre-tando no se les da destino físico; se ha servido el Rey, resolver se manifieste a V.E. que habiéndose prometido a estos Colonos costearles el viaje, darles habitaciones, luego que llegasen a su destino... tienen derecho al socorro del Real diario, entretando se les cumplan por parte de la Real Hacienda todas las condiciones con que emprendieron tan remoto viaje desamparando su patrio suelo. Lo que aviso a V.E. para su cumplimiento... para que a dichos colonos se les cumpla puntualmente lo que se les ofreció... "
El virrey Olaguer y Feliú que se encontraba a la sazón en Montevideo, decretó el 30 de septiembre. "Cúmplase y al efecto tómese razón de la antecedente Real Orden en el Tribunal de Cuentas..."
El 6 de octubre con la firma de Martín de Altolaguirre, el Tribunal y Audiencia Real de Cuentas, tomó razón.
Desde Buenos Aires, el 4 de junio de 1798, Félix de Casamayor y Antonio Carrasco de la Contaduría General, solicitaron a los Ministros de Montevideo y de Maldonado, les enviasen una relación o "pie de lista" de las familias que estaban a su cargo sin destino fijo.
En este orden, el ministro Pérez del Puerto envió la información requerida, el 20 de agosto. Adujo haber cumplido con el pago de un real diario por persona y con la entrega de "... algún trigo y maíz para semilla y bueyes para su labor". En otro párrafo dice no haber pagado el alquiler de casa, porque el Comandante de la Villa tenía la orden de colocarlos en las que abandonaron los portugueses.
El reclamo se circunscribió ahora al pago de los alquileres de casas, el ítem más oneroso y básico para estas familias.
Con fecha 22 de febrero de 1799, los Ministros Generales Antonio de Pinedo, Félix de Casamayor, Antonio Carrasco y José Romero, recomendaron al Virrey el pago de los 53.692 pesos y 6 reales que se adeudaba a los pobladores patagónicos de Maldonado y la Villa de San Carlos. La recomendación no se cumplió.
El apoderado Cal siguió luchando incansablemente a través de pedidos, informes y notas, sin éxito.
El problema real, quedó a la vista en boca de los miembros del Tribunal de Cuentas, Velasco y Altolaguirre: "... los mencionados pobladores no han tenido un formal destino...", por lo tanto carecían de ciertos derechos. Esto ocurría el 19 de febrero de 1800.
Vueltas a reunir estas familias el 9 de octubre de 1802 ante el Alcalde de la Villa Diego Moreno, dieron poder amplio a Juan Gómez de Fonseca, vecino de la ciudad de Buenos Aires, para que a su nombre pueda "... instaurar, agitar y promover las instancias que convengan ante los Tribunales que correspondan en solicitud de que se les abone... las cantidades que les pertenecen por el alquiler de casa... "
Con anterioridad, habían anulado el poder concedido oportunamente a Bernabé de Cal.
En el primer trámite que Fonseca hace en Buenos Aires a fines de octubre de 1802, denomina a sus representados, "pobladores que vinieron destinados a la costa patagónica y que se depositaron en el Pueblo Nuevo de San Carlos".
En julio de 1803 reiteró el pedido de pago.
Transcurridos veinticinco años del inicio del expediente, el Fiscal de S.M. en lo Civil y Real Hacienda, José Márquez de la Plata, solicitó el 15 de diciembre de 1803, un informe al Cura Párroco Manuel de Ame-nedo Montenegro.
Es así que el Párroco de la Villa, envió con su característico grafis-mo el 14 de enero de 1804, una pormenorizada exposición. Decía, "Es cierto y constante que a los pobladores europeos que han estado depositados en esta Villa, a cuyo nombre se sigue el expediente, nunca se les hizo reparo de las casas que dejaron los portugueses... y para la mejor comprehensión en este asunto haré un breve relato de lo que ocurrió con las enunciadas familias a su arribo a esta Villa, que lo fue por los años de 80 y en mayor parte de 81... "
Relató que en 1881 pasó de tránsito por la ciudad de Montevideo para tomar posesión del Curato de San Carlos. En esa ciudad se entrevistó con el virrey Vértiz, que con reserva le pidió que averiguase si eran íustos, "... los clamores y quejas que le dirigían dichos pobladores... "
La misión encomendada no era de fácil ejecución, pues debía indagar el comportamiento del Comandante de la Villa que, en su momento, había propuesto repartir entre los nuevos pobladores las casas abandonadas por los portugueses. En su informe, Amenedo diplomáticamente dice "... sin duda con pocos conocimientos o por algunas miras particulares... "
Sin embargo, llegado a la Villa, de inmediato comenzó la investigación encomendada, encontrando "... que los pobladores gemían envueltos en la más indecible miseria, como habitantes en un país extraño y sin el principal auxilio de habitaciones para repararse de las incomodidades de los tiempos, por que fue todo obra de la invención o ligereza en el que propuso para colocación en ellos, las casas que habitaron y dejaron los portugueses..." Da cuenta que estas casas abandonadas no excedían de 25 cuando las familias que las necesitaban superaban las 58. Explica que en realidad no eran casas sino "... unas muy infelices chozas en donde de ningún modo se hubieran acomodado por su pequenez y calidad... "
En realidad el Comandante había omitido informar que las chozas tenían nuevos dueños, por donaciones o ventas de los portugueses.
Un rancho que había quedado sin vender, este jefe lo había cedido a un alférez retirado de Dragones.
En conclusión, "... las familias pobladoras viéndose en esta, estrechez y necesidad, entraron en el partido: unos de irse a vivir a las chacras, otros de alquilar casas en el pueblo, y otros en comprar las mismas que habían vendido o donado los portugueses, o de algunos otros vecinos, los cuales con su industria las fueron extendiendo... "
El padre Amenedo trajo a colación datos de la espúrea maniobra del Comandante y algunos vecinos, "... Me acuerdo de un pulpero llamado Simón Matuliche que compró a los portugueses cuatro casas, y este después las fue vendiendo a los pobladores... y otros por este tenor, todos los cuales las revendieron, e hicieron negocio con los pobladores de España... " Amenedo le dice a Márquez de la Plata, haber comunicado esta situación al virrey Vértiz, "... diciéndome en contestación haber sido mal informado por el citado Comandante... "
Vértiz sin embargo, no tomó prevención alguna para variar la injusta y abusiva situación, "... pues todos siguieron y han existido durante su depósito viviendo donde y como han podido a expensas de su propio peculio... "
Luego de recibir el pormenorizado informe del padre Amenedo, el 16 de febrero de 1804, Márquez de la Plata dictaminó, "... visto de nuevo este expediente con motivo de la última instancia de los pobladores de la Villa de San Carlos... que no se cumplió por dicho Comandante del Pueblo nuevo la condición o motivo por que se les negaba el abono de alquileres a los indicados pobladores, esto es: Que el Comandante del referido Pueblo (son palabras expresas del Oficio del Señor Intendente) tiene la orden de acomodarlos en las casas, o habitaciones que los portugueses abandonaron... "
El Comandante había mentido o incumplido lo ordenado, permitiendo la venta de las chozas.
Al fin, la intervención del padre Amenedo logró que el 20 de febrero de 1805, se les abonara la deuda a las 70 familias pobladoras de la costa patagónica depositadas en San Carlos, un total de 21.822 pesos.
La conclusión más general que se desprende de este prolongado pleito, está referido al particular poblamiento de San Carlos, diferente en todo al del resto de los pueblos del Virreinato. Peculiaridad que lo apartó de los regulares "contratos de población"^ en los que, a cambio de los riesgos y penalidades que tales empresas exponía a los colonos españoles, el gobierno otorgaba franquicias y derechos.
13 Francisco Millau. Noficia'en general del territorio de la Banda Norte de Rio de la Plata, 1772.
14 A.G.N. Justicia. Leg. lO.Exp. 201.
15 A.G.N. Justicia.L^. 10, Exp. 201.
16 Fernando de Cossio.
17 A.G.N. Justicia. Le^. IO.Exp.201.
18 A.G.N.'Sala IV. 3-6-5,
19 A-G.N. SalaIV.3-6-5.
20 Ibidcm
21 A.G.N Justicia, Leg. 10, Exp. 201
22 A.G.N. Sala IX, 30-3-2
23 Ibidem
24 A.G.N. Sala IX. 3-6-5
25 Ibidem
26 Ibidem
27 Acuerdos del extiuguido Cabildo de Buenos Aires. 31 de octubre de 1763.
28 A.G.N. Sala IX, Justicia Leg. 10, Exp. 201.
30 A.G.N. Sala IX, Juslicia, Leg. SO, Exp. 201.
31 A.G.N.Sa1aIX,21-l-5.
32 A.G.N. Sala IX, Justicia, Leg. 10, Exp. 201.
33 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
34 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
35 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
36 Ibidem
37 Ibidem
38 A.G.N., Sala IX, 3-6-5.
39 A.G.N. Sala IX, 3-6-6.
40 Ibidem.
41 Ibidem.
42 Ibidem.
43 Ibidem.
44 Ibidem.
45 Ibidem.
46 Ibidem.
47 Ibidem.
48 Ibidem.
49 Ibidem.
50 Ibidem.
52 Ibidem.
53 Ibidem.
54 Ibidem.
55 Ibidem. .
56 Ibidem.
58 A.G.N. Sala IX, 3-7-1.
59 Ibidem.
60 Ibidem.
61 Ibidein.
62 Pedro Rodríguez Campomanes, Industria Popular, Hamburgo, 1794.
63 Informe del virrey Vértiz, Montevideo 22 de febrero de 1783. A.G.N. colección de Angelis.
64 A.G.N. Sala VII, Doc. 2094.
65 A.G.N. Hacienda, Leg. 89, Exp. 2300.
66 Ibidem.
67 Manuel Gallego y Valcárgel, Secretario del Virginato.
68 A.G.N. Sala IX. Hacienda, Leg,. 89. Exp. 2.300.
69 A.G.N. Sala IX, 3-8-1.
70 Ibidem.
71 Ibidem.
72 Ibidem.
73 Ibidem.
74 Juan Correa, capitán de milicias. Comandante de la Villa de San Carlos.
75 A.G.N. Sala IX, 3-8-1.
76 El virrey Santiago de Liniers queriendo reivindicar a Francisco Javier de Elio, tres veces derrotado por los británicos, lo designó para recibir de estos la plaza de Montevideo, cuestión que se verificó el 9 de septiembre de 1807. Elío, soldado valiente pero de pocas luces, fue campo fértil para las maquinaciones de Martín de Alzaga, alcalde de primer voto de Buenos Aires y cabeza de los fuertes comerciantes monopolistas de ambas márgenes del Plata; de Pascual Ruiz Huidobro; del mariscal de Campo Curado, portugués que estaba a la expectativa de una situación propicia para invadir la Banda Orienta!; del brigadier José M. Goyeneche, que al arribar a Buenos Aires cambió de opinión tildando a Elío de amotinado e insurrecto y, los cabildantes de Montevideo, prósperos comerciantes. Convencido Elio que, al no desarmar el virrey los regimientos criollos y combatir el comercio monopolice en manos de los españoles, promovía una invasión francesa o un movimiento independehtista. Fonnó en Montevideo una Junta de Gobierno que se alzó contra la autoridad de Liniers.
77 Amenedo afirma que estos bechos sucedieron el día 7, mientras el Alcalde los fecha el 6.
78 A.G.N. Sala IX, 3-8-1. (Todo el expediente)
79 A.G.N. Sala IX, Leg 89 exp 2.300
8O Francisco Ramos Mejia,. El Federalismo Argentino, Buenos Aires, 1915.
La Villa de San Carlos tiene la honra de estar íntimamente ligada a D. Pedro de Cevallos, gobernador y capitán general del Rio de la Plata. Una personalidad extraordinaria -que a la vez de administrar admirablemente-, fundó pueblos y comandó las tropas que expulsaron a los invasores portugueses de la Colonia del Sacramento, Santa Catalina y Rio Grande del Sur.
El poblamiento de la nueva Villa no respondió a los patrones comunes de la época: familias españolas con "contratos de población".
En ese sentido. Cevallos luego de recuperar el Río Grande, permitió a las familias portuguesas, llamadas "isleñas", trasladarse a la Banda Oriental para fundar con ellas el nuevo pueblo.
Se instalaron en el año 1763 con la anuencia del gobernador, entre los arroyos Maldonado y San Carlos, "por ser laboriosos" y avenirse a las necesidades de abastecer con sus cosechas los fuertes y otras plazas militares.
Las afirmaciones de Diego de Alvear en su Diario de 1784 no se ajustan a la realidad. Anotó, "... San Carlos es fundación del año 1764 por D. Pedro de CebalJos en su primer viaje al Río de la Plata, de las familias portuguesas que en la guerra del año anterior, se hallaron repartidas en Santa Teresa, San Miguel Arroyo del Chuy, y aún en Río Grande de San Pedro. Esta fue como una justa represalia no equivalente de aquella multitud de indios guaraníes que el virrey del Brasil Gómez Freiré de Andrade, Conde de Bobadillay Comisario de Límites por S.M.F. en la demarcación de 1750, logró seducir y extraer de nuestros sietepueblos de Misiones del Uruguay... Por entonces se reunieron hasta unas cien familias de las expresadas para la formación de este Pueblo más obtenido de allí a poco permiso de la piedad del Rey se volvieron muchas a su Patria, y finalmente se acabaron de retirar las otras en la última pérdida de Río Grande, de suerte que San Carlos en el día se halla casi despoblado. Con todo se conservan siempre algunos habitantes en número de 150 a 200 personas entre españoles y portugueses... "12
Pocos años antes Francisco Millau escribió, "A dos leguas hacia el norte de este pueblo de Maldonado y ante los dos ríos grande y chico de su nombre, se halla otro fundado con el de San Carlos, Es pequeño y se principió con algunas familias portuguesas que después de la toma del Río Grande admitieron establecerse en ese paraje... "13
A este respecto el documento más antiguo referido al tema, es un oficio del gobernador Pedro de Cevallos fechado en el "Cuartel General de Río Grande" el 20 de marzo de 1763 dirigido a Lorenzo de Mendinueta. comandante de Maldonado. Se titula, "Para que cuando lleguen a Maldonado las familias de isleños portugueses las acomode y haga sean bien tratadas. Señor mío, como para ver bastante laboriosos los Isleños Portugueses que han quedado en este Pueblo y sus campañas, les he permitido que vayan con sus familias a esos parajes, prevengo a Vm. que a los que fuesen llegando a esa Población los vaya acomodando en los ranchos que hay en ella... para que estén en ellos con la mayor comodidad que se pueda, haga que les llegue y de otj-a disposición en orden a su establecimiento... Procure Vm. que éstos Isleños sean bien tratados...y disponga que se les de carne en abundancia para, su manuntención y la de sus familias. "14
Como se ve, Cevallos no dice '"les ordené" sino "les he permitido", que presupone una voluntad de los "isleños" a instalarse en la región de Maldonado.
De la numerosa correspondencia relacionada a las familias portuguesas rubricada por este gobernador, se infiere un trato benévolo, humano y generoso.
Queda establecido, entonces, que la fundación de la Villa de San Carlos obedeció a causas derivadas de la guerra con Portugal. España debía abastecer de víveres, especialmente de trigo y carne, a las tropas estacionadas en Maldonado, Río Grande y en los fuertes de Santa Teresa y San Miguel y, para ello, era necesario contar con un pueblo de agricultores a una distancia cercana. 12
Diera de Alvear, Diario de 1784. Revista de ¡a Biblioteca Nacional, 1946-1947.
Respecto a la ubicación de la Villa, hay una anotación del Gobernador Cevallos, en el margen izquierdo del oficio, que envió desde Maldonado su Comandante, el 4 de junio de ese año.
Dice, "Señor mío, aunque en carta de 8 de este mes previne a Vm. lo que me pareció conveniente a fin de que tenga efecto con el acierto que deseo la Población que entre los dos arroyos de Maldonado chico y Maldonado grande deben hacer los Isleños Portugueses que van caminando, prevengo a Vm. ahora que si para cortar la paja y madera y conducirlo todo, se eligiese para la Población fuere necesario que se detengan las carretas que va escoltando el Ayudante D. Raimundo Cosió más tiempo que los ocho días citados en la Instrucción que éste lleva, podrá Vm. valerse de ellas y de los peones el tiempo que le pareciere conveniente hasta que por estar todo concluido no hagan falta alguna lo que dirá Vm. al expresado Ayudante para su inteligencia.
En el paraje que llaman la Guardia Vieja, inmediato al que se ha de poblar, estoy informado de que hay un horno donde antes se ha hecho tejas y ladrillo, por lo que he de decir a Vm. que pase a verlo y hacerlo poner conveniente si no lo estuviere, disponiendo que hagan estos materiales para levantar con ellos una Capilla en el nuevo Pueblo... Río Grande, julio 16 de 1763."15
En el ínterin los "isleños"' bajaron por el camino del norte, que era la vía de comunicación entre Río Grande y Montevideo pasando por Arroyo de Chuy, San Miguel, Santa Teresa. Castillos. Rocha y Maldonado. Este camino formado sobre el campo, sin mejora alguna artificial, llegado el invierno se hacía intransitable. Su aspecto característico, en los 470 kilómetros de recorrido, lo daba los huellones profiondos que dejaban las ruedas de las carretas, especialmente en los vados de los arroyos y en los pantanos.
De acuerdo al oficio enviado por Mendinueta a Cevallos, la caravana de los "isleños"' arribó el 18 de junio, "Señor, Participo a V. Exa-como el día 18 de este, llegaron las tropas de carretas y familias Isleñas que V. Exa. remite a la Población Nueva, al cargo del Ayudante de Milicias D. Fernando Cosido16, y habiéndome pasado a dicha población, le instruí a dicho Cosido de lo que había hecho en el modo que se había de seguir para lo que faltara que hacer; las carretas de la pólvora y de los demás pertrechos de artillería quedan entregadas en éste Pueblo al Alférez de Artillería D. Antonio Carabajo. guien queda componiendo las carretas que han conducido la pólvora, como así mismo los barriles.
Mañana marcha toda la gen/e a. cortar maderas y paja para la ranchería que se ha de hacer, para cuyo fin e remitido a dicho Ayudante dieciseis hachas, a más de las que el trae.
También remito al capataz de las carretas que está conmigo, con seis carretas al norte para que en el ínterin se abra el paso para hacer el horno, pueda cortar madera para un galpón de treinta varas de largo para meter el adobe que sea... para hacer dicho horno; el maestro para este trabajo es un soldado llamado Lorenzo Ny, el que me han asegurado, es buen maestro albañil y que es su oficio hacer hornos, a quien remito esté a la disposición del ayudante Cosido, para que esíe presente al trabajo: Remito a V. Exa. una carta del Gobernador de Montevideo... "17
El trabajo que debía realizar Cossio era ímprobo. Este militar debió transformarse de un día para otro en el organizador de un pueblo.
Así se desprende de la "Instrucción para el alférez de Dragones D. Fernando Cosió a cuyo cargo queda por ahora la nueva Villa de San Carlos". Las instrucciones tenían precisión y derivaban de las dadas por Cevallos al Comandante de Maldonado. Lucas Infante. "Fuera de la guarnición de la Isla,quedan aquí para los fines expresados cuatro compañías de Dragones, de las cuales se enviará un Destacamento de veinte hombres que será relevado cada mes con otros tantos a las órdenes del Alférez D. Fernando Cosió, para atender a la quietud y buen orden de la nueva Villa de San Carlos, de cuyo cuidado está encargado el expresado Alférez, que hasta nueva disposición debe permanecer en aquél destino, subordinado al Comandante de este Pueblo.
Procurará fomentar cuanto fuera posible el adelantamiento de la citada. Villa, y atenderá en todo lo que dependa de su arbitrio al alivio y buen tratamiento de los Isleños moradores de ella". Está fechada el 11 de octubre de 1763.18
En el margen izquierdo de este documento, Cevallos anotó con letra muy pequeña, "... Con las carretas que tiene desocupadas el Alférez D. Fernando Cosió, y ocho que deben quedar aquí de las que hay en este Puesto, se compone el número de veinte que se destinan para todo lo que pudiere ocurrir.
Estas carretas con los peones, carpinteros y la boyada correspondientes, se pondrán a cargo del capataz Machete y entre tanto que no se ofrece alguna cosa más urgente, se mantendrán en la misma Villa de San Carlos, las doce que están allí, para ayudar a hacer la Iglesia y casas del Pueblo. "
Infante comunicó a Cossio en las Instrucciones, que el servicio de su Majestad consideraba muy importante el pronto establecimiento de este grupo de familias portuguesas en la nueva Villa. Entre las recomendaciones le expresa que vele para que los vecinos siembren maíz, al-berjas y porotos en abundancia, también calabazas y otras legumbres de estación. Debía entregarles bueyes y todos los auxilios que necesitaron.
Para el orden, debía designar cuatro comisarios de Barrio entre los. vecinos "más fieles al Rey" y que demostraran autoridad para dar órdenes a sus convecinos. Estos comisarios debían hacer una lista con los nombres de las personas que estarían a su cargo.
Cossio debía, a su vez, ubicar un paraje propicio para resguardar el ganado de los portugueses.
Por otra parte, recibió las alhajas, ornamentos y demás cosas pertenecientes a la Iglesia, las cuales debía custodiar. También le entregaron las campanas que serían colocadas en un campanario que debía construir.
No faltó en las Instrucciones la advertencia. "... tendrá especial cuidado de que no pase Portugués alguno y de que con cartas ni por ofro medio seduzcan a los Isleños en la inteligencia de que no faltarán mal intencionados que procuren inquietarlos para que se vuelvan a tierras de Portugal "20
A pesar de todo lo dispuesto y planificado, los primeros pobladores no estuvieron conformes con el lugar elegido para levantar la Villa.Esto se desprende del oficio enviado por Cossio al gobernador, les propuse lo que V.E. me manda, y están muy discordes, y esto viene de que en ellos reina mucho la maledicencia y hemos queda-acordados, en registrar bien el sitio y sise encuentra otro mejor que éste, se mudará la Villa, con el permiso de V.E.
Ahí dicen, haga presente a V.E. que si puede ser, se les haga la Mlla fuera del sitio que hay entre los dos arroyos, reservando este para establecer sus sementeras, pues de este modo, pueden mantener sus lecheras en la Villa, sin perjudicar los sembrados... les ofrecí representar-1 a VE., lo que hago, deseando me ordene lo que tenga por conveniente ejecute en beneficio de estos vecinos".
Días más tarde, Cossio contesta a una sugerencia de Cevallos. "Ninguna conveniencia se sigue mudar la Villa adonde V.E. me señala, porque a más de ser terreno mucho más desigual que en el que está comenzada a situar, en tiempo de verano, necesitan ir a buscar agua un grande cuarto de legua. Yo sería de parecer que para lograr esíos vecinos de toda comodidad y quietud, se les permitiese formar la Villa, al otro lado del arroyo. " Este oficio está fechado en San Carlos, 27 de octubre de 1763.21
Al fin, quedó en el lugar primitivo.
Debe señalarse que con la guerra y la consecuente acumulación de problemas, Cevallos -acampado en el Rio Grande-, omitió redactar el acta de fundación del nuevo pueblo.
Un testimonio incuestionable de este hecho aparece en el expediente de erección del Cabildo y Justicia de San Fernando de Maldonado.
En este sentido, el virrey Vértiz, respondiendo al pedido de los vecinos, solicitó el 27 de junio de 1783, "... mandar se traiga a esta Superioridad, el expediente de la formación del Pueblo de San Carlos... " También Sobremonte, secretario del verreinato, ordenó desde Montevideo al Comandante de la Villa, "... buscar el expediente de la erección de la misma y concentrar el texto ante dos testigos ".22
El 5 de julio de ese año contestó Vicente Tarufo, "... Debo decir no haber aquí documento alguno que trate de la fundación del dicho, ni menos consta a los primitivos pobladores que cuando se fundamentó se sacase algún Plano u otro documento para que constase su erección; solo se sabe que cuando el Exmo. Sor.
Dn. Pedro Seballos ganó el Río Grande, de aquellas mismas familias, remitió a este destino en el año de sesenta y tres, las que tuvo por conveniente, y que aquí hicieron esta forma de Pueblo: Esto consta a todos por la memoria, mano por escrito formal que se sacase en aquél tiempo, pues aquí absolutamente no hay documento ninguno... "
PRIMEROS AÑOS
El primer inconveniente que tuvo Cossio en la organización del pueblo, se relaciona a la construcción de la capilla.
En efecto, el 8 de octubre de 1763, Infante le comunicó a D. Pedro de Cevallos. "He recibido la de 27 de agosto, del 30 de setiembre en la que... D. Fernando Cosió ha hecho una Iglesia, en la que la mitad de la gente del pueblo de San Carlos no cabe en ella; encargándome pase a él... a lo que digo a V. Exa. que luego inmediatamente... " La letra es ilegible, pero sabemos que le informa que ha ejecutado el agrande de la Iglesia con facilidad.
El 11 de octubre, Lucas Infante envía desde Maldonado al sargento lulio Demarqui un oficio que dice, "Al Alférez de Dragones Fernando Cosió que está en la nueva población de Maldonado chico, le dejo prevenido que cuando pase V. por allí, le entregue toda la carga que el expresado oficial ha conducido del Río Grande en las mismas carretas que ocupan... Al mismo D. Fernando Cosió le dará V, por un recibo, alhajas, ornamentos y demás cosas de Iglesia, incluso las campanas que trae, por estar todas destinadas para la fe de la citada Villa. "24
Respecto a la Capilla, ofendido Cossio por las críticas recibidas del comandante de Maldonado, le dice a Cevallos el 7 de diciembre, "No es tan pequeña la Iglesia como han informado a V.E. pues es algo mayor que la de Santa Teresa, lo que dijo el maestro que construyó aquella... y ordené la obra de modo que se pudiese alargar, como defacto se está ejecutando... " Días más tarde le informó, "se ha quedado por poner en ella, un Palio de damasco blanco. " 25
Como se advierte la preocupación por construir un templo en ía Villa se remonta a su propia fundación. Por lógica experimentó una evolución bienandante.
Hemos expresado que la primera construcción fue una modesta Capilla, que de inmediato se consideró que no correspondía a las necesidades y conveniencias de los pobladores. El propio Cossio por orden de Infante la adecuó a su importancia.
El 22 de setiembre de 1763, el gobernador, debilitado por los trajines de la campaña del Río Grande, escribió a Manuel Domínguez, "no pudiendo yo detenerme muchos días en el sitio de la nueva Población me ha parecido conveniente disponer como lo hago, que Vm. y el ingeniero D. Juan B.Howel, se adelanten, para practicar en concurrencia, de D. Lázaro Mendinueta las disposiciones que se expresan en la. copia adjunta... " 26
Howel enseñó a los pobladores del pueblo a construir hornos para la fabricación de ladrillos y tejas. También los capacitó para sacar piedra del Pan de Azúcar.
Un dato poco conocido es la grave enfermedad que atacó a Cevallos en la Colonia del Sacramento, donde casi muere. Esta circunstancia está anotada. en el acta del Cabildo de Buenos Aires del 31 de octubre de 1763- 27
Sin esperanzas de sanarse, confesó y, el obispo Manuel Antonio de .atorre ordenó un novenario por su mejoría. Cevallos se recuperó y el Cabildo lo celebró con dos corridas de toros.
Cevallos tenía especial afecto por la Villa y sus pobladores. Se preocupó de su desarrollo y bienestar. Es así que le escribió a Infante desde la Colonia del Sacramento, el 24 de noviembre de ese año, También es conveniente que Vm. vaya de cuando en cuando a la nueva Villa de San Carlos para promover con su presencia el mejor establecimiento y buen orden de aquellos vecinos a los cuales no hallo embarazo en que se les destine las tierras que necesiten, antes deseando el mayor alivio de ellos encargo... del que les pareciese suficiente de modo que queden gustosos, pero contra previsión de que en el Pueblo han de tener casa y familia. '"28
También envió a la Villa comestibles y materiales imprescindibles para su sostenimiento, hasta tanto los pobladores pudieran valerse por sí.
Desde Colonia le informó a Infante el 23 de noviembre, "Señor mío. En la lancha llamada de los Vizcaynos... se han cargado los 1.918 sacos de harina y 90 de cal que expresa la relación adjunta... Estos víveres van destinados para la subsistencia de las familias de Isleños con que se ha formado la nueva Villa de San Carlos, que los necesitan bastante por no haber llegado al paraje donde se Poblaron en tiempo de sembrar trigo este año, ni haber esperanza de que lo tengan, hecho recoger la cosecha de que sembraren en el que viene.
Por esto conviene se les distribuya con tal economía que les alcance hasta entonces, para lo que le espero que... como se lo encargo, hará poner el expresado número de sacos en un almacén donde no haya otra cosa a cargo de D, Manuel de Fuentes... "
En cuanto a la construcción de la Capilla. Cevallos seguía de cerca su construcción. En efecto, desde Colonia del Sacramento ofició el 30 de noviembre a Infante, "... disponga si fuese necesario que se heche abajo a fin de hacer otra, no solo bastante capaz para toda la gente del Pueblo, sino también embarrada por dentro y fuera, pues esto se debe hacer aunque sea de paja para que esté más decente entretanto que se hace de teja y ladrillo... " 29
No obstante la afabilidad que la autoridad española dispensaba a los nuevos pobladores, nunca olvidó que se trataba de la fundación de una Villa. Con ese motivo expresó el 2 de diciembre, "... quiero prevenirlo de no permitir que los isleños pasen a Montevideo ni a otra parte alguna hasta tanto que no tengan sus casas fabricadas y estén bien establecidos y sean de confianza, y que teniendo estas circunstancias podré darles licencia... "30
La política de Cevallos apuntaba a que las familias se arraigaran en la Villa, es decir, que permanecieran.
Respecto a la Capilla, resuelta su modificación, el Comandante de Maldonado envió al sacerdote Pedro Villaverde para celebrar por primera vez el culto. Toda la población esperaba alborozada la nueva. Se celebró la misa con la debida unción pero a poco se presentó un inconveniente. Lo relata Cossio en un oficio a Infante desde la Villa el 30 de noviembre, "Desde que este Padre Villaverde llegó a esta población, que fue el domingo, solo ese día hemos logrado oír Misa, hoy por ser el día que es, nos ha dejado sin ella, cosa que ha escandalizado a todo el Pueblo, y más a vista de ser pública la causa de que proviene el no decirla, pues por más que he procurado ocultarla, se ha traslucido.
Yo he puesto todos los medios que me han parecido conducentes para que dicho Padre viva con la temperanza debida, pues la causa de no decir Misa proviene de los excesos que comete en la bebida y no solo no se encuentra enmienda, sino mayor repetición en ellos, valiéndose para este fin, de cuanto negro y mulatos hay, y como esto es tan denigrante a su estado y religión, y consiguientemente a nuestra Nación, lo manifiesto a Vm. a fin de que se le represente... y que S.E. determine lo que tenga por más conveniente al servicio de Dios. "
Como consecuencia de la contingencia señalada, Cevallos escribió a Infante, "Señor mío. En vista de las dos cartas de Vm... debo decirle que ha hecho Vm. muy bien de disponer pase a la Villa de San Carlos el religioso franciscano que había en el Pueblo, y que venga a élfr. Pedro Villaverde con el fin de ver si se contiene en el exceso que ha dado motivo a esta providencia sobre lo cual me avisaré Vm. lo que en adelante notare para... "31
El gobernador hizo proveer a la Capilla de todos los útiles necesarios para la celebración de los divinos oficios y administración de los Santos Sacramentos. Así lo acredita Cossio el 9 de mayo de 1764, "Recibí del Teniente Coronel, Comandante de Maldonado D. Lucas Infante, un retablo y armario para la Iglesia de esta Villa de San Carlos ". 32
No obstante el tiempo que demandaba tratar los asuntos de una gobernación tan dilatada, Cevallos, sin embargo, se ocupó personalmente del desarrollo de la Villa.
En efecto, le ofició a Infante desde Buenos Aires el 20 de febrero de 1764, "deseando que los vecinos de la nueva Villa de San Carlos planten lodos los árboles fruíales que puedan, escribo en esta ocasión al teniente oficial de Dragones Bruno Muñó-... como se lo encargó, le despachara de Montevideo cuatro carretas en las que debe cargar los brotes de peras, manzanas, ciruelas y los demás árboles que haya en aquella... para que remitiéndolos a Vm. haga que se repartan entre los vecinos de la misma Villa, encargándoles que en el otoño que es el tiempo propio para estos plantíos, se esmeren en hacerlos y en cultivarlos... "33
El 9 de mayo de 1764 la Villa vivió un verdadero acontecimiento, Llegaron de Rio Grande dos hombres, dos mujeres- y seis hijos de estos y, de Buenos Aires, siete hombres, tres mujeres y cuatro niños. Lo anuncia Cossio a Cevallos, "Los últimos que llegaron se han acomodado en los ranchos de sus parientes, ínterin hacen los suyos, lo que procuraré ejecutar con la. mayor brevedad. " La misiva está fechada en la Vülade San Carlos, 11 de mayo de 1764.34
La radicación de españoles en esta Villa, hasta ese momento eminentemente portuguesa, traería al seno social conflictos que persistirán por años, como veremos más adelante.
Los españoles eran en su mayoría letrados y por atavismos de raza se dedicaban al comercio. A diferencia, los portugueses dedicaban sus esfuerzos a la agricultura y la ganadería, afincándose en los campos linderos a la Villa, que pronto limpiaron de malezas para cultivar espléndidos trigales.
La política gubernamental para con estos campesinos fue severa y a la vez eficaz. El 5 de agosto se ordenó al oficial encargado de la Estancia del Rey, "que a los vecinos isleños de la nueva Villa de San Carlos no se le den más de dos o tres reses diarias, porque se le dio para establecerlos en ella porción de ganado, el cual ya se les habrá aumentado mucho ". 35
Cabe aclarar que de las reses se aprovechaban muy pocos cortes, el resto se desperdiciaba.
Cevallos interesado en el adelantamiento de la producción de la Villa, fomentó la inmigración de los Isleños de Río Grande, considerando a estos laboriosos. El proceso se cumplió en diferentes momentos. A este respecto el 13 de octubre le escribe a Infante, "Que el teniente coronel Dr. Joseph de Molina le dice... que estando por despachar del Río Grande unas familias que deben venir al nuevo pueblo de San Carlos, ha pedido a Vm. envío 5 o 6 carretas hasta el Fuerte de Santa Teresa para que tomándolas allí puedan volverse al Río Grande los Isleños que las han de conducir con sus carros. "36
No obstante su buen sentido establece las diferencias con sus coterráneos. Oficia al comandante de Maldonado, "Los oficiales de las Compañías de Milicias que formaren, deben ser Españoles y no Portugueses ni Isleños... "; lleva fecha 20 de octubre.37
A medida que se poblaba la Villa el gobernador tomaba nuevas providencias para su desenvolvimiento. El 4 de diciembre ordenó, ''que se mude la Estancia del Rey y la sitúe entre los ríos Rocha y de San Carlos... En acabando... el ganado del Rey de la Estancia actual entre Maldonado chico y Joseph Ignacio, servirá este terreno para Estancia común de la nueva Villa... " 38
La vida bucólica de la Villa no se vio conmovida en el período de dos años, por ningún hecho relevante.
Recién el 4 de febrero de 1766, agobiado por la pobreza del lugar y la epidemia de viruela que afectaba a la villa, el padre fray Sebastián Narbona abandonó el pueblo.
Lucas Infante le comunicó la nueva a Cevallos, que rogó al sacerdote que esperara se nombrara un sucesor para retirarse. Para congraciarse procuró agasajarlo invitándolo a comer a su casa. Le hizo presente, "el miserable estado en que ese pobre pueblo se halla a causa de la, epidemia de viruelas que al presente está padeciendo, motivo a que se han muerto muchas gentes y la mayor parte indios".
No tuvieron éxito los ruegos del Comandante, pues el sacerdote se retiró a su convento en Montevideo.39
En el ínterin murieron por la epidemia en la Villa, cuarenta pobladores.
El 15 de agosto de 1766 se hizo cargo de la gobernación del Río de la Plata, Francisco de Paula Bucareli y Ursua.
Ese mismo año, otro hecho conmovió a la Villa.
Conviene saber que, a pesar de los esfuerzos de la Corona e incluso de los buenos gobernantes virreinales para erradicar la corrupción de los funcionarios diseminados por el amplio territorio colonial, muchos de estos cometieron abusos de poder y dolo administrativo en su beneficio. La lejanía del gobierno central favoreció estas conductas indeseables que perjudicaron grandemente las economías locales y especialmente a los esforzados pobladores.
Cansados sus habitantes de los abusos del comandante Infante, que cada tanto se quedaba con parte del trigo de las cosechas y con la leña que cortaban en los montes, para su usufructo personal, lo denunciaron al gobernador.
Bucareli pronto envió un oficio en términos muy duros, le dice, "Prevengo a Vm. vuelva a encargar el mando y cuidado del nuevo pueblo de San Carlos... a. el alférez de Dragones Francisco de Cossio e igualmente , que se abstenga. Vm. de tomar por sí, providencia en uno ni en otro lugar sin darme parte primero, pues ya me falta tiempo para leer recursos y quejas que llegan a mis manos, exponiendo las tropelías e injusticias con que maltrata violentamente sus vecindarios, y con más dolor he sabido, los tiene Vm. escandalizados con su licenciosa vida, de modo que si Vm. no se corrige contra todo lo que me dicta el genio, será forzoso tomar providencia, ...y dar de ella cuenta al Rey... y espero recibo de esta carta. Buenos Aires, 24 de setiembre de 1766. "4o
Movido por la ira, Infante intentó expulsar de la Villa a las familias que lo habían denunciado, pero enterado el gobernador le ordenó el 13 de octubre, "... Para expulsar del Pueblo nuevo de San Carlos las familias que supone Vm. perjudiciales, es indispensable que el todo del vecindario lo pida para mandarlo, y entre tanto no haga Vm. novedad con ellas ".41
En buen romance le advertía con un principio democrático, "es indispensable que el todo del vecindario lo pida"; que se abstuviera de seguir molestando a ese sufrido pueblo.
A principios del año 1767 ya encontramos como Comandante de Maldonado a Juan de la Riba Herrera.
Una de sus primeras medidas consistió en dictar un Bando para los habitantes de la Villa de San Carlos, dada la preocupante situación económica que atravesaba la Parroquia.
Como en todos los tiempos, quienes debían aportar un impuesto a sus ganancias, no lo hacían. En ese sentido, comunicó, "...puede con el tiempo no tener aquella decencia que corresponde al culto divino a proporción de los posibles de sus moradores, que de estos hay varios que venden a su libertad, sin pagar al Rey ni a otra persona cosa alguna, tendrán entendido todos los pulperos que venden en ella desde hoy en adelante, deben contribuir en los términos de equidad... " El bando lleva fecha 8 de febrero de 1867.
Aparecen como contribuyentes obligatorios, siete pulperos: Juan Fernández, Antonio Cortéz, Gabriel Baziaga, Francisco Portillo, Manuel Mezo, quienes debían oblar ocho reales y, José Embil y María Angela Rey, cuatro reales. 42
A la vez que impulsaba la estabilidad económica de la Iglesia, de la Riba enfrentó a su encargado, el fraile Franciscano Juan Crisóstomo Fernández. El sacerdote se opuso a la confiscación de los carros de los vecinos, que trasladarían pertrechos y granos al Río Grande. Por otra parte, la vida privada del sacerdote, según el Comandante de Maldona-do, no se adecuaba a los preceptos católicos.
Por estas razones escribió al gobernador solicitándole lo separara de la Villa, le decía, "hoy me han desengañado de la poca asistencia, modo de obrar, que me parece más propio de un Gauderio que de un sacerdote... A más de esto hay algún escándalo en aquella Villa con este Padre: porque aseguran vive a puerta cerrada con una mujer casada..." Esto sucedía el 11 de marzo.43
Este año de 1767 se temía una invasión portuguesa a Río Grande, San Miguel y Santa Teresa, pues habían atacado los puestos que mandaba José de Molina. Previendo un ataque a Maldonado, el gobernador ordenó, el 5 de junio, que partiera de esa plaza hacia Río Grande para reforzar las fuerzas de Molina, la Compañía de Granaderos del Batallón de Buenos Aires.
La situación era tensa. De la Riba preparó a Maldonado para la eventual agresión lusitana. El 7 de junio avisó al gobernador Bucareli, "tengo trabajando diez y ocho soldados... con veinte vecinos de la Villa. San Carlos escogidos de aquellos que no solo no me puedan servir de provecho en aquella Villa, porque si los dejara en ella, probablemente me perturbarían mis disposiciones... habiendo puesto en dicha Villa una patrulla de ocho paisanos vecinos españoles, que son los únicos que hay en ella para que alternativamente ronden e inquieran cuanto pase... " 44
La desconfianza en los vecinos portugueses de la Villa comenzaba a fermentar.
En verdad, algunos de los portugueses jóvenes, ávidos de riquezas y poco proclives al trabajo duro, llevaron adelante atrevidas incursiones en las Estancias del Rey, apropiándose de caballos y vacunos.
Se les llamaba "gauderios". Hábiles jinetes y baquianos notables: aspiraban a vivir sin sujeción a las leyes.
En este sentido, de la Riba Herrera escribió a José de Molina que se hallaba en Río Grande el 3 de julio " ...y de camino conducir... al Patrón Gauderio, que había, tomado aquellos días a Simón Correa Piroto uno de los principales Gauchos de la Villa de San Carlos que estaban presos en la Isla... " 45
El 10 de agosto de la Riba ofició a Bucareli, "Los gauderios han robado estos días veinte y tantos caballos correspondientes a los vecinos de la Villa San Carlos; pero yo a estos les creo poco, y más bien creeré que se los venden... "46
Los robos, en esos días, se multiplicaron, al punto que el Comandante ofició al gobernador el 14 de octubre, "La insolencia de los Gauderios crece todos los días, toda esta gente se dirige a aumentar la Nue-Población de los Gauderios. "41
Es la primera vez que a la Villa se la denomina "población de los gauderios", que equivalía a pueblo de forajidos y ladrones.
Para aumentar la confusión, el dieciocho de octubre se incendió la Capilla construida por Fernando de Cossio.
De inmediato de la Riba Herrera comunicó el hecho a Bucareli. Le dijo, "Noticio a V.E. como por aviso del oficial Comandante de la Villa San Carlos, D. Manuel de Fuentes, he sabido que el día diez y ..v/70 de este, se ha quemado la tercer parte de la Iglesia de dicha Villa, que comprende el altar, y en ella lo que expresa la minuta adjunta, y me persuado haya sido a mano porque habiéndome hecho cargo, después de tiberio visto, me parece imposible que siendo la Iglesia... hubiera sido ¡a materia seca, fácil a inflamarse con voracidad, tiempo para reservar '.os dos tercios de ella; sea lo que fuere, lo cierto es que ha sucedido; pero remediaría en todo pasado mañana lo quemado a excepción de las prendas ".48 Lleva fecha 23 de octubre.
La minuta aludida de lo quemado comprende: "una imagen de Muestra Señora del Rosario con su niño; una cruz de Jacaranda grande que servía a los entierros; un frontal nuevo de damasco blanco con cenefa encarnada; dos manteles nuevos de altar; el Santo Cristo quedó chamuscado".49
Desde Buenos Aires contestó Bucareli, "quedo enterado por Vm., ^i darán las disposiciones convenientes a remediar el daño ". 50
A finales de año, el 29 de noviembre, los pobladores recibieron la noticia del gobernador que les permitía pasar a vender "sus frutos sobrantes a Río Grande", prohibiéndoseles llevarlos a otro destino, "porque allí los necesitan y conseguirán el mayor beneficio".51
A comienzos del año 1768 los pobladores de la Villa tuvieron una novedad: el 7 de febrero el gobernador Bucareli ordenó que el teniente del Batallón de Buenos Aires, Manuel de Fuentes regresara a la Capital y se hiciera cargo de la Comandancia el teniente Fernando Liñán. La conducta meritoria de Fuentes, lo hizo merecedor a otro importante destino.
Mientras, el problema que traía el robo continuo de hacienda y caballos preocupaba grandemente a las autoridades.
Tanto en Maldonado como en la Villa y sus alrededores no era posible adquirir equinos para el ejército a ningún precio.
El 16 de diciembre de 1768 de la Riba Herrera recomendó a Bucareli, "... convendría mucho no perder la ocasión de que yo pasase con los Correntinos y algunos Dragones a dar sobre la canalla de los ladrones en su mismo campo o lugar... que tienen cercado de palo a pique, con dos o tres cañones que les han dado los portugueses... lo que ha faltado de la Villa de San Carlos, todos aseguran que ha sido trato que aquellos vecinos han hecho con ellos para vender sus animales... " 52
Quienes se dedicaban al robo y posterior venta de los animales estaban perfectamente organizados.
Es así que Jerónimo Pereyra, vecino de San Carlos, pagaba veinte pesos mensuales a Ramón Delgado, baquiano y ladrón de vacunos y caballos. Por su parte, el mencionado Pereyra recibía a su vez pagos mayores del capitalista de la banda, Manuel Ventos, pulpero del Viamonte. Llegaron a tener en los corrales de palo a pique cuatrocientos caballos.
Luego de varias salidas de patrulla] e, los aprehendió el Comandante de la Villa, el 9 de octubre.
En Maldonado, Bartholomé Ferro sucedió en el mando de la comandancia a de la Riba Herrera.
Al tiempo llegó a esa plaza un enviado del Gobernador para constatar el estado y orden de esta importante base militar. Se trataba de José de Castilla y Guzmán, quien ofició a Bucareli, "Persuadiéndome estar obligado todo dependiente de S.M. procurar los mayores aumentos de su Real Corona siendo uno de ellos cortar el ilícito comercio me vi precisado a ejecutarlo practicando la diligencia que V. Exa. insinuó, persuadiéndome que D. Bartholomé Ferro... que el tiempo que gastaba en hacer casas par a su habitación, estando tan bien alojado, sería más bien empleado en poner bajo cubierto la tropa del Rey... " 53
Castilla y Guzmán anotició al gobernador el estado ruinoso de los cuarteles, algunos de los cuales no tenían siquiera techo que los protegiera de las lluvias, mientras el comandante vivía con lujos excesivos.
También lo acusó de apropiarse, para su uso personal, de las "ocho o diez carretadas de leña que los vecinos llevaban a Maldonado". Se refería a la leña que los carolinos aportaban a esa Plaza.
Para aumentar la gravedad de la situación, sostuvo el enviado que las mercaderías que llegaban a este puerto para sostenimiento de los soldados, se vendían en las tiendas del pueblo.
Son numerosos los informes que Castilla y Guzmán envió al gobernador con acusaciones a la conducta de Ferro.
A mediados de este año de 1768, los vecinos de San Carlos presentaron al gobernador Bucareli un Memorial contra el Comandante de Maldonado, Bartholomé Ferro.
¿Qué había sucedido? En medio de la pobreza que sufría la Villa, con pocas producciones obtenidas en el laboreo de la tierra, cría y cuidado del ganado, como mayor elemento de riqueza y bienestar, sufrieron la requisa de granos por parte de Ferro. Puede decirse que la vida de los carolinos transcurrió mucho tiempo entre estas contrariedades derivadas de los abusos, excesos, falta de prudencia y celo de los Comandantes de Maldonado.
En esta oportunidad la acusación recaía en Ferro. Dieciocho vecinos firmaron un memorial, a instancias del fuerte comerciante José Fernández de Sosa y del combativo cura Vicario de la Villa, fray Crisóstomo Fernández.
Cabe recordar que este último ya había sido víctima de una grave calumnia del comandante anterior, de la Riba Herrera, quien lo acusó de convivir con una mujer casada.
Al enterarse de las acusaciones que se le habían hecho, puso en marcha el engranaje administrativo, político, militar y de justicia que dominaba. Se presentó en la Villa con todos sus ímpetus, con todas sus malicias, haciendo uso de un despliegue de poder desconocido hasta ese instante en la tranquila Villa.
Hizo comparecer ante sí a los sencillos pobladores firmantes, la mayoría iletrados, que como es natural en situaciones como la descripta, se desdijeron. Acusaron a los cabecillas de haberlos obligado a adherirse engañosamente.
Esto sucedía el 23 de julio de 1769. Rodeaban al Comandante, Fernando Liñán, comandante de la Villa; Ramón de Marte, teniente del Regimiento de Mallorca; los tenientes de milicias José Picolomini y Clemente Puebla; los comerciantes Manuel de Araujo y José de Sosa, amén de los cirujanos residentes en la Villa, José Díaz y Domingo de Fuertes. Ferro escribió a Bucareli, "...elacusado comandante solicita aclarar mirando por su estimación, y tenga la verdad el lugar que merece y quede enterado de ella dicho Sr. Exmo... proceda contra quien puso semejante cláusula que es del tenor siguiente: Que el año pasado nos atropello el señor comandante quien por fuerza con tropa nos sacó todos los granos, demás cosas, no quedando lugar oculto en nuestros ranchos adonde no se hiciera registrar (hasta debajo de la cama) y almacenarlos en un Cuartel de tropas, sin medida, ni pagárselo, de donde no se supo que camino cogió lo que se quitó con tanto vigor... " 54
Como era de esperar, el 8 de agosto ofició a Bucareli que tiene presos en la Isla a los dos "instigadores del Memorial que lo acusaba del cohecho".55 El 19 de ese mes, comunicó a Buenos Aires que, de acuerdo a lo que le ordenan, le envía dos presos.
Por su parte, al comerciante Fernández de Sosa el 25 de agosto le embargaron todas sus pertenencias, comercio, casas, estancias, ganados y efectos. El inventario ocupó 10 folios, lo que da idea de su importancia.
Es sugestiva la nota de Ferro a Bucareli cuando le avisa que pasará a San Carlos para poner al frente de la Comandancia al teniente Vicente Jiménez en reemplazo de Fernando Liñán, dice, "... igualmente practicaré si hubiere algo que vencer con los vecinos... en las pasadas diferencias''. Sucedía el 18 de noviembre.56
En efecto, los vecinos estaban disgustados y resentidos por las arbitrariedades cometidas por este militar.
En el año 1770, aparece un personaje que, con el tiempo, tendría importante gravitación en la Villa. Se trata de Antonio Castañeda y Chaverría. El primero que entendió que para detener la migración de pobladores que se radicaban en otras jurisdicciones por los abusos que padecían y, desprenderse de la tutela de Maldonado, debía obtenerse Cabildo y Justicia Ordinaria.
Algunos lo acusaron de tener ambiciones personales. Y esto es cierto, pero debemos destacar que los hombres con aspiraciones son los que traen al organismo social el progreso.
En este orden, Castañeda se sublevó contra la miseria, contra la injusticia, encontrando energías para librar batallas tercas y vanas en su inexorable suerte en el año de 1780.
El hecho es que el Comandante Ferro le avisó a Bucareli el 9 de febrero de 1770, que el Obispo le otorgó un título a Castañeda para que ejerza de notario apostólico en la Villa. También presentó al gobernador Bucareli un memorial para que se le eximiese su persona y casa, "exceptuándole de todo". Ferro dice. "... en virtud del Decreto de V.E. se ha dado a reconocer como tal en dicha Villa y prevenido a su Comandante queda excenta su persona y casa arreglado a lo que V.E. ¿n él previene, pero solicita dicho notario, gozen el mismo privilegio iodos los parientes de la que ha de ser su mujer, lo que es gravoso a los demás vecinos por tener éstos, bueyes y carros para emplearse en elservicio... "57 Al decir el servicio, se refería a la asistencia de las necesidades de la plaza de Maldonado.
A mediados del año 1770 la expectativa se concentraba en la designación del nuevo gobernador que reemplazaría a Bucareli. En ese orden fue nombrado interinamente desde el 4 de setiembre de 1770 y, gobernador y capitán general por R.C. del 16 de agosto de 1771, D. Juan José de Vértiz y Salcedo.
El teniente general Vértiz nació en Mérida, Nueva España. En 1773 estuvo en la ocupación de la Colonia del Sacramento.
Vértiz ordenó el comercio, fomentó la educación e impulsó el progreso edilicio.
Así, el 19 de mayo de 1771, Vicente Jiménez, comandante de la Villa dio un informe sobre el ganado de la Estancia del Rey de ese Cuartel. Habían como ganado de corral 3.292 terneras, 6.503 vacas, 2.154 toros, 632 novillos, 500 animales más que salieron del corral. El ganado de la Barra ascendía a 9.000 animales y de Garzón 7.703.58
Por cierto, la política del gobernador respecto a las mejoras edi-licias no se hizo esperar. El 16 de junio de 1771 llegó la orden para la Villa, "...fabriquen sus casas de pared de piedra y teja en que habiten, precisando a cada familia la construcción de su respectiva habitación; proporcionando el par aje, las calles y demás districiones con acuerdo de su Comandante Vicente Jiménez ".
El comandante de Maldonado, Bartolomé Ferro contestó, "...que en cumplimiento de su orden, ha ordenado al Comandante de la Villa de San Carlos para que los vecinos fabriquen sus casas de pared y teja, como también que cada vecino que tenga carro, done un novillo para las urgencias y transportes de el Real servicio de este Cuartel a el de el Río Grande. " Fechada 30 de junio.59
Esta disposición trajo pronto progreso y, en consecuencia mayor apego a la Villa por parte de sus pobladores. Se cumplía el fin previsto por Cevallos. El año 1769, los carolinos que alimentaban con sus cosechas a civiles y militares de las cercanías, sirviendo además con sus carretas de transportistas de todo tipo de mercaderías hasta Río Grande de San Pedro, tuvieron malos rindes en la cosecha.
Bartolomé Ferro, comandante de Maldonado informó al gobernador Vértiz, el 28 de noviembre de 1770, "todos los años mandaba a los vecinos cosecheros del Pueblo nuevo de San Carlos, condujesen a el Río
Grande el trigo necesario para el abasto de aquél Destacamento, lo que no pude ejecutar el año pasado por haber cojido poco... " 60
En noviembre de 1774, ordenaba José de la Quintana al Comandante de la Villa, "Sírvase Vm. proceder sin pérdida de tiempo al embargo de los carros de la Villa de San Carlos, que sean necesarios, para verificar el transporte de las municiones... al Río Grande. "61
Los años siguientes no presentaron hechos destacados. Los oficios y correspondencia se refieren en general a robos de ganado y pleitos entre vecinos.
Reducción facsimilar del auto del Virrey Cevallos sobre internación libre por Buenos Aires a los reinos del Perú y Chile. Precedente del Decreto de Comercio Libre del 2 de febrero 1778La creación del virreinato del Río de la Plata por R.C. del 1° de agosto de 1776 y la llegada del primer virrey, Pedro de Cevallos el 15 de octubre de 1777, trajeron mayores expectativas.
De forma paralela a la finalización de los conflictos con Portugal por el Tratado de San Ildefonso, el ministro de Carlos III, Pedro Rodríguez Campomanes, promovió grandes cambios en lo económico. Comenzó por dar por tierra el prejuicio de la clase dirigente española a los "oficios bajos", tales como la agricultura y la ganadería, necesarios para el bienestar y riqueza del Estado. Esta fue, sin duda, una de las razones de la pobreza de los pueblos rioplatenses. Los trabajos de la tierra eran considerados innobles y quedaban en manos de los esclavos e indios.
Campomanes avanzó hacia la economía moderna, promoviendo procesos completos. Decía, "la agricultura sin la artesanía no es suficiente para sostener a un Estado y para hacerlo florecer. También es necesario mantener unidas las tres ramas de la agricultura, la ganadería y la industria ". Sostenía que la agricultura sin la industria es de poco provecho, porque la mujer, los hijos e hijas del labriego, de no trabajar en alguna manufactura, llegan a constituir un peso que, por inevitable que sea, "oprime al jornalero y empuja al campesino a la ociosidad. "62
Su política destrabó el comercio interno de las colonias, permitiendo la aparición de manufacturas.
Ricardo Levene sintetizó la nueva política, "una pública, reacción contra el sistema de restricciones de los siglos anteriores. "
El Virrey aplicó de inmediato el R.D. de Libre Comercio. Derogó la aduana seca que imponía gravámenes a las mercancías que de Buenos Aires se enviaban al interior.
Por otra parte, Cevallos dictó un reglamento para el trabajo de los peones del campo, que fijaba las jornadas de trabajo y las vacaciones, un hecho inédito en estas colonias.
Estas medidas influyeron positivamente en la alicaída economía de la Villa de San Carlos, principalmente de producción agropecuaria.
El 12 de junio de 1778 entregó el virreinato al gobernador de Montevideo, teniente general Juan José de Vértiz y Salcedo.
El virrey Vértiz implemento un plan para la colonización de la costa patagónica en 1778, con el objeto de "... impedir que otras naciones se establezcan en alguno de sus puntos, desde donde podrían penetrar hacia Perú y Chile... " 63
En ese sentido existía un peligroso vacío poblacional que favorecía el expansionismo portugués e inglés. Ante esa situación pobló Sin Fondo y San Julián con colonos españoles. Pronto, el clima inhóspito y el terreno árido, hicieron fracasar el intento.
En el año 1781 suspendió la remisión de colonos a los nuevos establecimientos de la costa patagónica. Tres años más tarde se vio obligado a suprimir las colonias.64
Confiaba que los ingleses no podrían llevar a cabo lo que los españoles no pudieron sostener. En el informe anotó, "... son una pesada carga para el fisco real a la vez que son absolutamente inútiles para, las intenciones políticas del gobierno. "
Acto seguido, estos sufridos pobladores emigrados de los establecimientos patagónicos fueron repartidos en Minas, Santa Lucía. San José y San Carlos.
También otras familias que venían a radicarse en la Patagonia, quedaron en Maldonado y San Carlos, reemplazando a gran cantidad de "isleños", que luego de la firma del Tratado de San Lorenzo, retomaron al Río Grande.
En el ínterin, en la Villa de San Carlos corrió el rumor que los portugueses allí asentados por no haber regresado a Río Grande, serían embarcados rumbo al sur. El capitán Tarufo comunicó el 10 de enero de 1780, "... están alborotados los que quedaron, con una noticia introducida que han de ir precisamente a la costa Patagónica. "
Esta noticia que conmocionó a los pobladores mencionados, no tenía asidero alguno.
Es más, desde Buenos Aires el 20 de junio de ese año, ordenó el Virrey a Pérez del Puerto, "... s-e ha dispuesto... que las familias pobladoras de la costa patagónica contenidas en la adjunta relación, se establezcan por ahora, según han solicitado, en el pueblo nuevo de San Carlos, y que sean asistidos de cuenta de la Real Hacienda con un real diario... Esta gente debe ser tratada con cariño y suavidad para que se mantengan gustosos y se embarquen sin repugnancia cuando se les mande pasar a los Establecimientos de la Costa de Patagones... "65
A partir de ese momento y por varios años, se denominó a estos pobladores y, a otros que llegarían más tarde, "pobladores depositados en el Pueblo nuevo de San Carlos" o "pobladores transitorios de San Carlos". Algunas familias pasaron a Montevideo u otros puntos, quedando, la mayoría afincados en la Villa.
Sabemos por un oficio enviado por el comandante de la Villa a Vértiz que otras familias patagónicas, llegaron el 7 de julio procedentes de Montevideo. Las alojó en las casas desocupadas que los portugueses abandonaron, como lo ordenó el Virrey, aunque le ofició, "... sin embargo de que todas tienen dueño, por haber permitido mi antecesor sus ventas a los que fueron al Río Grande ".56
El grupo estaba compuesto por 40 personas.
Manuel Gallego67 por orden de Vértiz le comunicó a Pérez del Puerto, "... el destino dado por el Sor. Virrey a los pobladores existentes en ese, debe observarse sin variación, pues no puede inducir a ello la circunstancia de no estar comprendidos en la Relación que remití a Vm. para su pase a la población de San Carlos; en cuya inteligencia los socorrerá como a los demás de su clase. "68 Está fechada en Buenos Aires, 2 de agosto, de 1780.
Otro hecho significativo, fue el pedido del comandante Tarufo al Virrey el 25 de noviembre, para que fuese reconocido el doctor Miguel Gorman, protomédico del Tribunal Real del Protomedicato."69
También cabe anotar, que entre los muchos conflictos que mantuvieron los Curas Párrocos y Vicarios de la Villa con los comandantes militares, merece señalarse el del padre Silverio Pérez de la Rosa con el teniente de Dragones Vicente Tarufo.
El 10 de setiembre de 1781, el Comandante de la Villa Tarufo, ofició al Virrey Vértiz que recibió la carta fechada el 25 de agosto con orden de desembargar "... las primicias que se habían embargado a D. Silberio Pérez de la Rosa, Cura y Vicario... lo impidió su precipitada fuga del pueblo, dejando abandonada la Iglesia que estaba a su cargo. No había sacristán que entregara el Libro de Fábrica donde constaban las entradas y salidas, por lo que no se le pudo hacer cargos ".
Por su parte, el Cura había solicitado el 2 de abril al Virrey el desembargo de las "... primicias de trigo...", que Tarufo había ordenado embargar, "... por su voluntariedad y antojo por haberme venido contra su voluntad al concurso de oposiciones a los Curatos ".
Como se desprende del oficio de Tarufo, la iglesia estaba ya en construcción en ese momento.
Entremedio, el 7 de marzo de 1784. asumió en Buenos Aires el nuevo virrey Nicolás del Campo, marqués de Loreto y vizconde de San Nicolás. Antes de partir, el rey Carlos III le entregó instrucciones diciéndole, "... lo habéis de ir ejecutando poco apoco, y no de una vez... Tú lo harás bien. "
Del Campo puso manos a la obra, combatiendo la corrupción en-quistada en la administración pública, dando severos castigos a los delitos de prevaricación. Benefició por su parte, a los agricultores y ganaderos a través de la promoción de las exportaciones de granos y carnes, cuestión que trajo bienestar y progreso a la Villa de San Carlos.
Una propuesta interesante y progresista, fue presentada el 14 de junio de 1788 por el poblador Bernabé de Cal. Proyectó la construcción de un molino de agua en la margen del arroyo, para abastecer a la Villa.
El Comandante le extendió el permiso necesario para principiar la obra, pero pronto la queja de los tahoneros portugueses obligó a suspenderla.70
Otra situación singular se presentó el 30 de julio de 1795, cuando el boticario y cirujano de Maldonado, presentó al Comandante una querella contra Manuel Rodríguez Sánchez, vecino de San Carlos, por realizar curaciones sin título.
El Comandante expresó en el oficio a sus superiores, "... informo de las buenas circunstancias, tiento y caridad de este indio... "71
En otro momento, se suscito en este pueblo de agricultores y ganaderos, un conflicto de intereses. Sucedió el 20 de diciembre de 1800. Los agricultores estuvieron representados por Bernabé de Cal, Antonio Sosa, Juan A. de la Fuente, José Yelmo, Thomas Corbo, Manuel Recuers y Mathías Prieto, quienes presentaron una queja sobre "... la poca autoridad y vigilancia con que se miran los sudores y afanes de nuestra labranza y sementeras de trigo, permitiendo nos arracen y destruyan nuestros trigales, la multitud de animales que de Benito López y otros que nos circundan nuestras tierras... "72
Enterado el virrey Aviles el 14 de enero, previno al Alcalde, "... tome las más prontas y eficaces medidas... "73
Otro episodio destacable, acaeció el 29 de abril de 1805. Está referido al primer pleito mercantil, de allí las dudas sobre su tratamiento. _____El Alcalde consultó al profesor Nicolás de Herrera en Montevideo, quien determinó, "... inhibirme y remitir a ¡as partes alJuzgado de Comercio más inmediato...y como el Juzgado a mi cargo... ha ejercido y ejerce funciones de ordinario, sin embargo de obtener el título de Alcalde de la Hermandad, como una Villa que tiene su jurisdicción territorial independiente, con sola relación al Superior Gobierno, cuya circunstancia no ha bastado para variar el dictamen del Asesor Juan Correa. "74
La orden respondió al artículo 10° de la Real Cédula de erección del Consulado de Buenos Aires: que en los pueblos donde no haya diputados conozcan precisamente los Jueces Ordinarios en las causas mercantiles, "...y no considerando el Asesor Ordinario la jurisdicción que Vm. ejerce de dictamen, se inhiba de su conocimiento, mandando a las partes al Juzgado de Comercio más inmediato. Nicolás de Herrera. "75
Años más tarde, desempeñando el cargo de virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, recomendó, en una proclama del 10 de agosto de 1809 a todos los pueblos de su mando, fortalecer la moral y mantener las buenas costumbres.
Por ese entonces el padre Amenedo, cura párroco y vicario, sostenía un conflicto de proporciones, con el Comandante de la Villa, capitán de Blandengues de Montevideo, Carlos Maciel.
Considerando la gravedad de la situación, Amenedo, como último recurso, escribió directamente al Virrey el 16 de octubre de 1809. Ello en razón del fuerte respaldo de Montevideo y Maldonado al citado Comandante.
En la carta sostuvo que, en razón del ministerio que ejerce hace 29 años, obtuvo logros conforme a las recomendaciones, pero el fruto del esfuerzo y sacrificio para mantener en la feligresía esos principios, se malogran desde la llegada a la Comandancia del capitán Maciel, cuya permanencia en la Villa está ocasionando muchos males.
En un párrafo adujo, "... Este oficial... su esposa y sus hijos con sus irregulares procedimientos del lujo, juegos y bailes de su casa, se ha atraído un partido de jóvenes que entregados al libertinaje, van infestando la población con la semilla de la murmuración, la discordia y desavenencia de las familias, intrigas sobre cual es más en un Pueblo de Labradores: pero lo que es más, con desprecio a la Justicia, su Cura y su teniente y al Santuario mismo... " Más adelante agrega que sufre de los jóvenes licenciosos, todo género de desatenciones y vejámenes.
Por su parte, Maciel para escarmentar al Vicario, permitió obviar el pago de los derechos parroquiales y de fábrica, necesarios para la subsistencia de las Iglesias de San Carlos, Rocha y Santa Teresa.
Amenedo advirtió al Virrey que, el mal ejemplo venía de la Junta escandalosa de Montevideo76 exponiendo a las familias, porque "... los incautos padres por respetos mal entendidos se ven comprometidos a gastar más de lo que deben, y a exponer sus hijos a consiguientes desgracias".
También denunció la gravedad de la situación institucional de la Villa, donde "... no suena otra voz que la del Comandante: la Justicia del Pueblo se ve hollada y despreciada también porque D. Carlos Maciel en uso de facultades que no le confiere su comandancia, se ha entrometido y usurpado la Jurisdicción del Alcalde: Este que nunca puede salir de la esfera de un labrador o hacendado obscuro, cuando no con uno que haya sido marinero, se deja dominar... por donde se ha subvertido todo el orden político de la. Población, y sus vecinos no tienen un Juez natural que los oiga y determine en sus demandas con firmeza... "
Esta última aseveración, nos retrotrae al planteo hecho años antes por Antonio Castañeda sobre el gobierno de los más competentes, rechazado tumultariamente por los portugueses.
Esta era la primera vez en la corta historia de la Villa, que un Comandante se enfrentaba con un hombre de luces y firmeza en sus determinaciones. Un sacerdote que presintiendo peligrar su misión evangelizadora, batalló desde una importante base de sustentación política: su prestigio. Bien sabía Amenedo que varios de sus antecesores debieron abandonar la Villa corridos por Comandantes abusivos y prepotentes.
Pronto Cisneros ordenó lacónicamente, "que se prevenga al Gobernador de Montevideo, haga pasar a Maciel a servir en su Cuerpo, nombrando otro oficial para Comandante de San Carlos".
Enterado Maciel de la nota al Virrey, enfureció tomó una medida drástica el 7 de noviembre.77 La refiere Amenedo en una carta a Cisneros, "... se presentó el Comandante en la Sala Capitular... y dijo en voces llenas de autoridad: Vengo a Cabildo Señor Alcalde, a fiscalizar y saber de esa representación que contra mí se ha hecho en Casa del Cura para el Señor Virrey, y han firmado D. Antonio Vela y D. Antonio Rodríguez Maurente que están presentes. "
Nuevamente el Virrey ordenó, "... que se repita la orden anterior al Gobernador de Montevideo a fin de que se evite la repetición de recursos, previniéndole la pronta ejecución y que nombre otro oficial para aquella comandancia o, un sargento si le pareciese bastante. "
Por su parte, el 4 de diciembre, el Alcalde comunicó al Ministro Pérez del Puerto este suceso. Detalló que, "... el Comandante de la Villa Carlos Maciel (apareció) de improviso en la puerta del Cabildo, dejando en esta el cabo y soldados que traía consigo con espada desnudas, aírope-llando el respeto y decoro que se debe al Juzgado y diciendo en voces altas que venía a fiscalizar lo que se había escrito y firmado contra él en Casa del Cura y Vicario esa mañana, trayendo consigo arrestados dos vecinos que habían firmado... Una hora antes de este suceso había estado en Casa del representante el Estafetero de esta Villa, D. Miguel Urrutia, con una solicitud para, V.E. pidiendo la permanencia de este Comandante para que el Alcalde la firmara con los vecinos... Unos hechos tan violentos no proporcionan más que la debilidad de la Justicia en este Pueblo. " 78
El temple de Amenedo acabó la altanería de este militar. Pronto vendrían nuevos tiempos en los que florecería la libertad y la democracia, principios a los que adhirió pronto el padre Amenedo.
Vicisitudes de los pobladores "patagónicos"79
Merece unas líneas aparte las penurias que pasaron por años los llamados "pobladores depositados en el Pueblo nuevo de San Carlos", familias del fallido proyecto de poblar la costa patagónica.
Todo comenzó, como ya hemos anotado, el 20 de junio de 1780, cuando el virrey Vértiz ordenó a Pérez del Puerto, establecer a las familias pobladoras de la Patagonia "... por ahora... según han solicitado, en el Pueblo nuevo de San Carlos... "
El 20 de setiembre de 1784, Francisco de Paula Sanz, Intendente de Ejército y Real Hacienda escribió al Ministro de Maldonado Rafael Pérez del Puerto avisándole que, por Real Orden de 13 de septiembre de 1778, había resuelto Su Majestad que a los pobladores enviados a esa jurisdicción con destino a poblar la costa patagónica, se les suministre para su radicación, habitaciones, útiles para la labor, tierras en propiedad, una o dos yuntas para su beneficio, semillas para sembrar y que se les sostuviera un año desde su arribo a los nuevos establecimientos a que se les destine.
En consonancia con esta Real Orden, se presentaron en la Intendencia del virreinato, Manuel Ortíz, Bernardo Sánchez y Roque Gándara por sí y a nombre de las demás familias establecidas en la Villa de San Carlos, solicitando se cumpla la contrata.
Sanz comunicó a del Puerto que la Junta Superior en acuerdo del 1° del corriente decidió, "... que por mise disponga la tramitación de esas familias a la Colonia del Sacramento, o las coloque en otros destinos según me parezca, hasta tanto que se resuelva la utilidad de las nuevas Poblaciones que se proyectan en la raya que divide el terreno neutral con los portugueses en la frontera de Río Grande, y que en el ínterin se las asista con los auxilios que tengan derecho por sus contratas como consta del adjunto testimonio: tengo por conveniente prevenir a V. que en el concepto que las enunciadas familias han de susbsistir por ahora y hasta tanto no se les señale Población determinada, en la Villa de San Carlos, las socorra diariamente.....y también que a las que no han pagado, que no se les cobre... "
Cabe señalar que estas familias quedarían definitivamente radicadas en la Villa.
De lo ordenado, nada se cumplimentó. Es así que a principios de 1797 los pobladores patagónicos de la Villa junto a los ubicados en otros pueblos, otorgaron un poder a Bernabé de Cal, natural del Reino de Galicia "... para que se les abonara el Real diario que tienen devengado las familias destinadas a San Carlos ".
Cal, uno de los llamados "patagónicos", hizo una presentación al Virrey en la que le expresa, "... que habiendo seguido el expediente hasta manos de S.M. (Que Dios guarde), he logrado Cédula Real para que se nos abone el socorro del Real diario, alquileres de casa... y todas las condiciones con que vinimos de España: y habiéndome presentado con dicha Cédula a este Superior Gobierno, corrió todos los Tribunales, mandando V.E. con vista del Fiscal que los Señores Ministros Generales de Real Hacienda liquidasen la cuenta del haber de dichos pobladores... "
El desinterés de los funcionarios por estas familias, vestigio del fracasado intento de poblar la costa patagónica, está a la vista.
Nuevamente el 5 de febrero de 1797 desde Aranjuez, el funcionario de la Corona, Várela, comunicó al Virrey, que examinó el testimonio remitido de Buenos Aires el 25 de agosto del pasado año, sobre el expediente seguido por los pobladores destinados a la costa patagónica que, "... solicitan... por la Real Hacienda el diario que anteriormente disfrutaron entre-tando no se les da destino físico; se ha servido el Rey, resolver se manifieste a V.E. que habiéndose prometido a estos Colonos costearles el viaje, darles habitaciones, luego que llegasen a su destino... tienen derecho al socorro del Real diario, entretando se les cumplan por parte de la Real Hacienda todas las condiciones con que emprendieron tan remoto viaje desamparando su patrio suelo. Lo que aviso a V.E. para su cumplimiento... para que a dichos colonos se les cumpla puntualmente lo que se les ofreció... "
El virrey Olaguer y Feliú que se encontraba a la sazón en Montevideo, decretó el 30 de septiembre. "Cúmplase y al efecto tómese razón de la antecedente Real Orden en el Tribunal de Cuentas..."
El 6 de octubre con la firma de Martín de Altolaguirre, el Tribunal y Audiencia Real de Cuentas, tomó razón.
Desde Buenos Aires, el 4 de junio de 1798, Félix de Casamayor y Antonio Carrasco de la Contaduría General, solicitaron a los Ministros de Montevideo y de Maldonado, les enviasen una relación o "pie de lista" de las familias que estaban a su cargo sin destino fijo.
En este orden, el ministro Pérez del Puerto envió la información requerida, el 20 de agosto. Adujo haber cumplido con el pago de un real diario por persona y con la entrega de "... algún trigo y maíz para semilla y bueyes para su labor". En otro párrafo dice no haber pagado el alquiler de casa, porque el Comandante de la Villa tenía la orden de colocarlos en las que abandonaron los portugueses.
El reclamo se circunscribió ahora al pago de los alquileres de casas, el ítem más oneroso y básico para estas familias.
Con fecha 22 de febrero de 1799, los Ministros Generales Antonio de Pinedo, Félix de Casamayor, Antonio Carrasco y José Romero, recomendaron al Virrey el pago de los 53.692 pesos y 6 reales que se adeudaba a los pobladores patagónicos de Maldonado y la Villa de San Carlos. La recomendación no se cumplió.
El apoderado Cal siguió luchando incansablemente a través de pedidos, informes y notas, sin éxito.
El problema real, quedó a la vista en boca de los miembros del Tribunal de Cuentas, Velasco y Altolaguirre: "... los mencionados pobladores no han tenido un formal destino...", por lo tanto carecían de ciertos derechos. Esto ocurría el 19 de febrero de 1800.
Vueltas a reunir estas familias el 9 de octubre de 1802 ante el Alcalde de la Villa Diego Moreno, dieron poder amplio a Juan Gómez de Fonseca, vecino de la ciudad de Buenos Aires, para que a su nombre pueda "... instaurar, agitar y promover las instancias que convengan ante los Tribunales que correspondan en solicitud de que se les abone... las cantidades que les pertenecen por el alquiler de casa... "
Con anterioridad, habían anulado el poder concedido oportunamente a Bernabé de Cal.
En el primer trámite que Fonseca hace en Buenos Aires a fines de octubre de 1802, denomina a sus representados, "pobladores que vinieron destinados a la costa patagónica y que se depositaron en el Pueblo Nuevo de San Carlos".
En julio de 1803 reiteró el pedido de pago.
Transcurridos veinticinco años del inicio del expediente, el Fiscal de S.M. en lo Civil y Real Hacienda, José Márquez de la Plata, solicitó el 15 de diciembre de 1803, un informe al Cura Párroco Manuel de Ame-nedo Montenegro.
Es así que el Párroco de la Villa, envió con su característico grafis-mo el 14 de enero de 1804, una pormenorizada exposición. Decía, "Es cierto y constante que a los pobladores europeos que han estado depositados en esta Villa, a cuyo nombre se sigue el expediente, nunca se les hizo reparo de las casas que dejaron los portugueses... y para la mejor comprehensión en este asunto haré un breve relato de lo que ocurrió con las enunciadas familias a su arribo a esta Villa, que lo fue por los años de 80 y en mayor parte de 81... "
Relató que en 1881 pasó de tránsito por la ciudad de Montevideo para tomar posesión del Curato de San Carlos. En esa ciudad se entrevistó con el virrey Vértiz, que con reserva le pidió que averiguase si eran íustos, "... los clamores y quejas que le dirigían dichos pobladores... "
La misión encomendada no era de fácil ejecución, pues debía indagar el comportamiento del Comandante de la Villa que, en su momento, había propuesto repartir entre los nuevos pobladores las casas abandonadas por los portugueses. En su informe, Amenedo diplomáticamente dice "... sin duda con pocos conocimientos o por algunas miras particulares... "
Sin embargo, llegado a la Villa, de inmediato comenzó la investigación encomendada, encontrando "... que los pobladores gemían envueltos en la más indecible miseria, como habitantes en un país extraño y sin el principal auxilio de habitaciones para repararse de las incomodidades de los tiempos, por que fue todo obra de la invención o ligereza en el que propuso para colocación en ellos, las casas que habitaron y dejaron los portugueses..." Da cuenta que estas casas abandonadas no excedían de 25 cuando las familias que las necesitaban superaban las 58. Explica que en realidad no eran casas sino "... unas muy infelices chozas en donde de ningún modo se hubieran acomodado por su pequenez y calidad... "
En realidad el Comandante había omitido informar que las chozas tenían nuevos dueños, por donaciones o ventas de los portugueses.
Un rancho que había quedado sin vender, este jefe lo había cedido a un alférez retirado de Dragones.
En conclusión, "... las familias pobladoras viéndose en esta, estrechez y necesidad, entraron en el partido: unos de irse a vivir a las chacras, otros de alquilar casas en el pueblo, y otros en comprar las mismas que habían vendido o donado los portugueses, o de algunos otros vecinos, los cuales con su industria las fueron extendiendo... "
El padre Amenedo trajo a colación datos de la espúrea maniobra del Comandante y algunos vecinos, "... Me acuerdo de un pulpero llamado Simón Matuliche que compró a los portugueses cuatro casas, y este después las fue vendiendo a los pobladores... y otros por este tenor, todos los cuales las revendieron, e hicieron negocio con los pobladores de España... " Amenedo le dice a Márquez de la Plata, haber comunicado esta situación al virrey Vértiz, "... diciéndome en contestación haber sido mal informado por el citado Comandante... "
Vértiz sin embargo, no tomó prevención alguna para variar la injusta y abusiva situación, "... pues todos siguieron y han existido durante su depósito viviendo donde y como han podido a expensas de su propio peculio... "
Luego de recibir el pormenorizado informe del padre Amenedo, el 16 de febrero de 1804, Márquez de la Plata dictaminó, "... visto de nuevo este expediente con motivo de la última instancia de los pobladores de la Villa de San Carlos... que no se cumplió por dicho Comandante del Pueblo nuevo la condición o motivo por que se les negaba el abono de alquileres a los indicados pobladores, esto es: Que el Comandante del referido Pueblo (son palabras expresas del Oficio del Señor Intendente) tiene la orden de acomodarlos en las casas, o habitaciones que los portugueses abandonaron... "
El Comandante había mentido o incumplido lo ordenado, permitiendo la venta de las chozas.
Al fin, la intervención del padre Amenedo logró que el 20 de febrero de 1805, se les abonara la deuda a las 70 familias pobladoras de la costa patagónica depositadas en San Carlos, un total de 21.822 pesos.
La conclusión más general que se desprende de este prolongado pleito, está referido al particular poblamiento de San Carlos, diferente en todo al del resto de los pueblos del Virreinato. Peculiaridad que lo apartó de los regulares "contratos de población"^ en los que, a cambio de los riesgos y penalidades que tales empresas exponía a los colonos españoles, el gobierno otorgaba franquicias y derechos.
13 Francisco Millau. Noficia'en general del territorio de la Banda Norte de Rio de la Plata, 1772.
14 A.G.N. Justicia. Leg. lO.Exp. 201.
15 A.G.N. Justicia.L^. 10, Exp. 201.
16 Fernando de Cossio.
17 A.G.N. Justicia. Le^. IO.Exp.201.
18 A.G.N.'Sala IV. 3-6-5,
19 A-G.N. SalaIV.3-6-5.
20 Ibidcm
21 A.G.N Justicia, Leg. 10, Exp. 201
22 A.G.N. Sala IX, 30-3-2
23 Ibidem
24 A.G.N. Sala IX. 3-6-5
25 Ibidem
26 Ibidem
27 Acuerdos del extiuguido Cabildo de Buenos Aires. 31 de octubre de 1763.
28 A.G.N. Sala IX, Justicia Leg. 10, Exp. 201.
30 A.G.N. Sala IX, Juslicia, Leg. SO, Exp. 201.
31 A.G.N.Sa1aIX,21-l-5.
32 A.G.N. Sala IX, Justicia, Leg. 10, Exp. 201.
33 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
34 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
35 A.G.N. Sala IX, 3-6-5.
36 Ibidem
37 Ibidem
38 A.G.N., Sala IX, 3-6-5.
39 A.G.N. Sala IX, 3-6-6.
40 Ibidem.
41 Ibidem.
42 Ibidem.
43 Ibidem.
44 Ibidem.
45 Ibidem.
46 Ibidem.
47 Ibidem.
48 Ibidem.
49 Ibidem.
50 Ibidem.
52 Ibidem.
53 Ibidem.
54 Ibidem.
55 Ibidem. .
56 Ibidem.
58 A.G.N. Sala IX, 3-7-1.
59 Ibidem.
60 Ibidem.
61 Ibidein.
62 Pedro Rodríguez Campomanes, Industria Popular, Hamburgo, 1794.
63 Informe del virrey Vértiz, Montevideo 22 de febrero de 1783. A.G.N. colección de Angelis.
64 A.G.N. Sala VII, Doc. 2094.
65 A.G.N. Hacienda, Leg. 89, Exp. 2300.
66 Ibidem.
67 Manuel Gallego y Valcárgel, Secretario del Virginato.
68 A.G.N. Sala IX. Hacienda, Leg,. 89. Exp. 2.300.
69 A.G.N. Sala IX, 3-8-1.
70 Ibidem.
71 Ibidem.
72 Ibidem.
73 Ibidem.
74 Juan Correa, capitán de milicias. Comandante de la Villa de San Carlos.
75 A.G.N. Sala IX, 3-8-1.
76 El virrey Santiago de Liniers queriendo reivindicar a Francisco Javier de Elio, tres veces derrotado por los británicos, lo designó para recibir de estos la plaza de Montevideo, cuestión que se verificó el 9 de septiembre de 1807. Elío, soldado valiente pero de pocas luces, fue campo fértil para las maquinaciones de Martín de Alzaga, alcalde de primer voto de Buenos Aires y cabeza de los fuertes comerciantes monopolistas de ambas márgenes del Plata; de Pascual Ruiz Huidobro; del mariscal de Campo Curado, portugués que estaba a la expectativa de una situación propicia para invadir la Banda Orienta!; del brigadier José M. Goyeneche, que al arribar a Buenos Aires cambió de opinión tildando a Elío de amotinado e insurrecto y, los cabildantes de Montevideo, prósperos comerciantes. Convencido Elio que, al no desarmar el virrey los regimientos criollos y combatir el comercio monopolice en manos de los españoles, promovía una invasión francesa o un movimiento independehtista. Fonnó en Montevideo una Junta de Gobierno que se alzó contra la autoridad de Liniers.
77 Amenedo afirma que estos bechos sucedieron el día 7, mientras el Alcalde los fecha el 6.
78 A.G.N. Sala IX, 3-8-1. (Todo el expediente)
79 A.G.N. Sala IX, Leg 89 exp 2.300
8O Francisco Ramos Mejia,. El Federalismo Argentino, Buenos Aires, 1915.